VII - Recuerdos: VII.I Enseñanzas



Lo primero en aparecer fue una zona rural en la que una niña de unos diez años con pelo y ojos turquesa, con unas pequeñas alas que salían de su espalda, intentaba alzar el vuelo, cayendo siempre a los pocos segundos.

—¡Vamos…! ¡Vam…! —pero no pudo terminar la frase, ya que cayó al suelo tras haberse elevado aproximadamente un metro—. ¡Jooo! ¡Esta vez lo conseguiré! —rechistó.

Corrió de nuevo con más fuerza, agitando sus pequeñas alas, y saltó, pero de nuevo se precipitó inmediatamente. Cerró los puños y comenzó a dar golpes en el suelo y a gritar, aunque nadie se encontraba lo suficientemente cerca como para oírla. O eso parecía.



—¡Pienso aprender a volar durante estos días! ¡Y cuando vuelve a clase todos se sorprenderán!



Entonces, otro niño llegó volando y aterrizó frente a ella para acariciarle la cabeza. Ella levantó la cabeza y reconoció enseguida a su compañero de clase.



—Ya verás como sí, Lara. La cuestión es practicar —dicho lo cual, le ofreció una mano para levantarse, y ella la aceptó.



—¡Ya lo sé! ¡Y pienso conseguirlo! ¡Y algún día volaré tan alto como tú, Yenis!



***

A continuación, apareció un aula de un colegio hecho de madera, niños y niñas que debían tener diez u once años, y con un profesor dando una bienvenida a todos al nuevo curso.

—Bienvenidos al cuarto curso de vuestra educación primaria. Como sabéis, en estos tres años que os quedan deberéis llegar al nivel dos para superar esta enseñanza de seis años. Recordáis la jerarquía de niveles, ¿verdad? Dependiendo de la habilidad con vuestro elemento, tendréis asignado uno de los cinco niveles de poder existentes. Cuanto más hábiles y fuertes seáis, se os categorizará en un nivel mayor. Recordado esto, espero que trabajéis mucho y os llevéis todos muy bien —el profesor hizo una leve pausa—. Mañana empezaremos a dar materia, pero hoy podéis iros ya.

A todos les faltó tiempo para recoger sus cosas, pero Yenis lo tomaba con calma; estaba preocupado por algo.

—Anímate, Yenis... —Lara tenía una cara y una sonrisa angelicales propias de la inocencia de una niña pequeña.

—Gracias Lara, pero soy un desastre usando la magia… —acto seguido creó en su mano derecha una llama del tamaño de una pelota de golf; no podía hacerla más grande, y se apagó en unos segundos.

—Ya verás como no tienes problemas. Siempre has volado mejor que yo —dijo ella.

—Pero es que no soy normal. Lo habitual es tener tu conjunto de habilidades; de vuelo, teletransporte, magia… más o menos nivelado, pero, aunque vuele y sea rápido, con mi elemento soy un desastre, y hago todo lo que puedo. Es que no lo entiendo…

—Tranquilo; ¡ya verás cómo este año mejoras! —dijo mientras levantaba un puño.

—Tú usas el agua; no puedo ganarte…

—Pero a lo mejor consigues más nivel que yo y creas bolas de fuego gigantes que evaporan mi agua o algo así ¡Ya verás!

***

Los recuerdos avanzaron unos meses, a una noche en la que Yenis se encontraba solo en el campo. Estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas y tenía dos velas delante; ambas apagadas. De pronto una se encendió. La expresión de Yenis se tornó en molesta.

—¡No, no! No hay manera…

Sopló para apagarla y siguió concentrándose. Volvió a encenderse tan solo una.

***

De nuevo, otro recuerdo se recreó. Mismo sitio, pero era de noche, y Yenis llevaba otra ropa. Se mantenía sentado con los ojos cerrados y alguna gota de sudor cayéndole por la frente. De pronto ambas velas se encendieron a la vez. El niño no pudo disimular su alegría mientras volvía a casa, donde le esperaban sus padres.

***

Ahora, en el patio del colegio, todos los alumnos de la clase de Yenis hicieron un grupo, y se dirigían uno a uno al profesor a medida que éste los llamaba para exponer una habilidad utilizando su elemento. Todos habían crecido desde el último recuerdo. Lara estaba ahora utilizando ambas manos para hacer una esfera de agua del tamaño de una pelota de baloncesto. Después le llegó el turno a Yenis, y acercó ambas manos entre sí para crear una bola de fuego de un tamaño similar a la esfera de Lara, aunque no sin esfuerzo. El profesor volvió a sonreír mientras sus ojos expresaban una grata sorpresa.

—Sabía que lo conseguirías —Lara le dio una palmada en el hombro mientras sonreía.

La graduación de Yenis fue aún mejor al volver a su casa: sus padres lo esperaban con un banquete digno de un rey, teniendo en cuenta que vivían de lo que les daba el campo y de lo que vendían en la ciudad. Hasta le dieron un regalo.

—Yenis, estamos muy orgullosos de ti —dijo su padre.

—Podías haber invitado a Lara; seguro que ella también está muy contenta —comentó su madre, que también se encontraba ahí.

—Ya… Pero supuse que ella también querría celebrarlo en su propia casa.

—En todo caso, cuando acabe el verano, ¡a seguir estudiando como un campeón! —exclamó el padre.

—Ay, cariño, deja que Yenis descanse, que acaba de terminar el curso y ya quieres que empiece el siguiente —tras ese comentario de la madre, todos se rieron—. Vamos, abre tu regalo.

—¡Muchas gracias! —Yenis estaba más ilusionado que nunca; no se esperaba tanta celebración.

El muchacho abrió el paquete y sacó un medallón pequeño, de forma ovalada y dorado, con una gema azul ubicada en el centro.

—¡Anda! ¿Es un colgante mágico?

—Efectivamente; aquí podrás esconder un objeto; y además el colgante ocultará su presencia por completo.

—Guau… Gracias, mamá; gracias, papá.

—Lo teníamos guardado; lleva años en nuestra familia… Pero quiero que lo tengas tú; puede serte útil algún día.

***

La escena que se creó a continuación era la de un edificio hecho de piedra, mucho más grande que el colegio, lleno de gente de aspecto adolescente. Lara y Yenis estaban juntos en la entrada; parecían tener ya entre doce y trece años.

—Finalmente estamos aquí —Lara se había dejado el pelo más largo desde que acabó el colegio y le llegaba casi hasta los hombros.

—Sí… Ha costado, pero al final todo ha salido bien…

—¿Bien? Has llegado aquí con sobresalientes; ya eres mejor que yo —dijo con una sonrisa de resignación, aunque también de felicidad.

—Eres muy amable, Lara. Pero me ha costado controlar decentemente el fuego. Tú eres más hábil que yo…

—Y tú vuelas más rápido que yo. Anímate —Lara de pronto se fijó en el cuello de Yenis—. Vaya, ¿y ese colgante?

—Me lo regalaron mis padres por la graduación.

***

Ahora vislumbraba el mismo día que antes, solo que unos minutos u horas más tarde. Lara y Yenis estaban junto con toda una clase en un aula mirando al nuevo profesor que tenían delante.

—Os doy la bienvenida a todos. Soy Caleb y seré vuestro tutor y uno de vuestros profesores. Ahora os explicaré cómo va el tema de las asignaturas: en el colegio habéis cursado seis años. Básicamente, los tres primeros tenían como objetivo conseguir que alcanzarais el nivel uno, y los tres siguientes el nivel dos, así que si estáis todos aquí es que como mínimo alcanzasteis ese nivel. Los que no pudieron despertar siquiera el nivel uno, en su día fueron calificados como nivel cero, separándoles de vosotros. Ahora la cosa cambia un poco: aquí vais a estar cuatro años, que es el tiempo que tenéis para alcanzar el nivel tres.

Lara y Yenis sabían perfectamente a qué se refería el profesor con los nivel cero: al cumplir los siete años, todos los niños y niñas empezaban a ir a la escuela para despertar y desarrollar sus habilidades pero, aunque todos podían volar y teletransportarse, en ocasiones nacían niños que no desarrollaban afinidad con la magia o sus elementos. Eso se demostraba en el segundo curso, donde era obligatorio mostrar cuál era el tuyo. Los que no superaban el segundo año eran calificados como nivel cero y no podían continuar sus estudios. Algo parecido pasaba en todos los cursos sucesivos, tanto de la enseñanza primaria como secundaria. Era menos común, pero para superar cada año necesitas llegar a cierto nivel con tus habilidades y elementos; si no cumplías, podías repetir el curso, pero si en la segunda vuelta seguías sin alcanzar el objetivo, debías abandonar la enseñanza. Te expedirían un certificado con tus calificaciones y nivel para poder incorporarte al mundo laboral llegada la mayoría de edad de dieciséis años.



De nuevo, era algo más tarde en el mismo día. Yenis, Lara y unos cuantos alumnos más, los mismos compañeros de clase de antes, estaban la plaza de una gran estadio, redondo y espacioso.

—Adelante, Yenis.

Yenis salió de entre el grupo y caminó hacia la persona que le había llamado; mostrándose algo nervioso. Abrió sus piernas, juntó ambas manos, y en unos segundos, frente a él se originó una columna de fuego del doble de su altura y poco más ancha que él. A los tres segundos se esfumó tan rápido como había aparecido. Yenis cayó de rodillas al suelo, tenía la respiración acelerada y estaba sudando. Lara fue hasta él y le ayudó a levantarse, mientras le decía al profesor que iría con su compañero a la enfermería. En cuanto se fueron, otro alumno de clase, algo más alto que ellos y con una larga y negra cabellera, les observaba con una mano en la cintura.

—Qué inútil.

***

En el recreo, Lara pasaba el rato con compañeras de clase, mientras que Yenis rondaba por los pasillos o visitaba la biblioteca. De pronto, se encontró con alguien de su clase, de larga y oscura cabellera y más alto que él.

—Ey, tú eres Lander, ¿no? Yo soy Yenis, voy en tu misma clase —le tendió la mano, pero no le devolvió el saludo.

—Ya sé quién eres, el que casi se desmaya el primer día de clase.

—Ah, aquello… Es que aún no domino muy bien mi elemento, me cuesta manejarlo de forma estable…

—Todos los demás hicimos lo propio sin despeinarnos. Menuda la que te espera este curso como no espabiles.

La cara de Yenis pasó a expresar preocupación.

***

Con toda la clase reunida en un aula más grande, llena de pergaminos y objetos desconocidos, Caleb comenzó su lección. Yenis y Lara estaban sentados en primera fila, atendiendo a sus explicaciones, cuando acababa de mostrarles un pergamino estirado sobre el encerado con la imagen de un círculo que simbolizaba los ocho elementos ordenados frente a sus más afines:



circulo_elementos




Yenis y Lara miraban con atención el círculo. No dejaba de pasarles por la cabeza lo que podrían hacer si mejoraban su elemento, y las posibilidades que tendrían si despertasen otros…

—Como veis, aquí están representados los ocho elementos de la magia: fuego, agua, rayo, viento, tierra, metal, luz y oscuridad —dijo Caleb, nombrándolos en el sentido de las agujas del reloj—. El que tenéis frente al vuestro será vuestro elemento más afín, esto es, el segundo que podréis dominar con menos esfuerzo —Caleb desplazó su dedo desde el símbolo superior del fuego hasta el inferior del viento—. Y de nuevo yendo en línea recta —e hizo que su mano volviera a subir verticalmente hasta el fuego— los dos que tenéis pegados a ambos lados del principal son los que conoceríais en tercer lugar —el profesor señalaba el metal y el agua—, y los dos restantes a los lados del más afín serían los últimos —tierra y rayo—, si llegáis a ellos, claro. Lo más habitual es llegar a manejar tres elementos en nivel dos o tres, como ya sabréis. Antes de nada, por favor, levantad la mano los que hayáis empezado a utilizar, aunque solo sea un ápice, vuestro segundo elemento —todos levantaron la mano. Todos menos Yenis. El profesor le miró.

—Tú eres… ¿Yenis?

—Sí… —se le estaba empezando a poner la cara roja por la vergüenza.

—Bah, no te preocupes. Esta misma evaluación empezarás a dominar el viento, tranquilo.

«De verdad…»

Lander, sentado más atrás, se llevó una mano a la cabeza.

—Los demás estad tranquilos, porque de momento tan solo podéis proyectar pequeñas muestras de vuestros poderes, como es normal.

—Pero, aunque solo sea un torbellino que quepa en la palma de la mano, una gota de agua, la llama que crea una cerilla… Todos deberíamos dar una ligera señal de nuestro elemento más afín, ¿no…?

—Lander, no todos tenemos la misma habilidad —dijo el profesor.

—Profe, ¿y qué hay de los elementos luz y oscuridad? ¿Por qué no están en el círculo de la misma forma que los otros?

Lara formuló la pregunta más interesante que se podía hacer.

—Bueno, esos dos… son algo especiales. Veréis, es prácticamente imposible poder utilizarlos. Y digo poder porque por algo no están en los seis extremos del círculo: se originan por una mutación del ADN, concretamente una duplicación genómica.

—Pero la duplicación de una célula siempre acarrea consecuencias fatales, hasta que deriva en su muerte.

—Casi siempre. Pero hay una pequeña fracción de casos en los que la célula consigue mantener su viabilidad, dividiéndose y dando lugar a una nueva especie genética nunca antes vista; en este caso el elemento luz u oscuridad.

—Pero… ¿entonces cuál es el elemento más afín a estos dos? —preguntó Lara.

—Todos.

La clase se mantuvo en silencio. Caleb, como cualquier otro profesor, se alegró de que sus alumnos tuvieran curiosidad por su asignatura.

—Veréis, estos elementos, si alguno de vosotros llegara a tener la suerte de nacer con alguno de ellos, sería siempre vuestro elemento principal. Es decir, si alguien domina por ejemplo la luz, su segundo elemento podría ser cualquiera de los seis principales, siguiendo después la jerarquía que os he explicado antes. Y para muestra un botón: tenemos al que seguramente se convierta en rey: Víctor. Ese chico nació con la luz, y su segundo elemento ha resultado ser el rayo. Eso significa que su tercer elemento es el acero, y el cuarto ya sería el agua o el viento, y concretamente domina este último.

Todos los alumnos, menos Lander, no dejaban de tomar apuntes, manteniendo caras de asombro.

—Sobre la oscuridad, es exactamente la misma historia, y de momento solo hubo una persona que despertase ese elemento… —el profesor hizo una breve pausa, deseando que alguien terminara la frase.

—El rey Azrael… —dijo Lara.

—Exacto. No solo tuvo esa suerte, sino que poseía unas Habilidades Especiales fantásticas, fuera de lo común. Un prodigio de los que aparecen cada mil años…

—Pero ahora ha aparecido ese tal Víctor que domina la luz, ¿no? —dijo Lander desde atrás.

—Efectivamente, después de tantas décadas ha vuelto a aparecer alguien que domina uno de estos dos elementos tan escasos, también llamados elementos ancestrales. Lo cierto es que tiene bastantes papeletas para convertirse en el nuevo rey; domina nada menos que cuatro elementos como el antiguo rey Azrael.

—¿Y qué hay de las Habilidades Especiales? ¿Nos falta mucho?

—Lo más frecuente es despertarlas en el nivel tres. Claro que esto es pura estadística, así que tampoco hay nada seguro; cada cuerpo es diferente.

Las Habilidades Especiales. Poderes especiales, únicos de cada usuario en la mayoría de los casos. No todos despertaban alguna, y era también muy infrecuente llegar a conseguir más de dos.

***

—Así que ya sabéis, estudiad para el examen práctico que tendremos la semana que viene. Tendréis que poder unir vuestros dos elementos y hacer algo mínimamente decente para superarlo. No seré muy duro por ser la primera vez, pero ponedle ganas.

Yenis no dejaba de mover la pluma entre sus dedos mientras miraba sus apuntes, pensando en el examen, pero también en hablar con Lander…

—Yenis, ¿te apetece que vayamos a dar un paseo hoy por la tarde? —Lara no se preocupaba tanto como él.

—Lo siento, pero quiero entrenar. Me espera una semana dura…

—De acuerdo… Entonces me quedaré en casa. Si cambias de idea, ya sabes dónde estoy. Mi hermano me ha traído cosas muy chulas de la Tierra...

—Sí… gracias.

Lara tenía un hermano mayor que ya había finalizado sus estudios y manejaba bien la magia referente a la creación de portales espaciales. Sentía una gran curiosidad por la Tierra, ese planeta habitado por humanos como ellos, excepto porque ninguno presentaba habilidades mágicas. No hacía nada fuera de lo común: la ley permitía viajar entre mundos siempre que no se descubriese su condición.

Yenis no perdió de vista a Lander, y fue hasta él para proponerle algo.

—¡Lander! ¡Espera!

—¿Qué quieres?

—Verás… ¿Hoy por la tarde vas a entrenar para el examen? Porque yo necesito ayuda…

—¿Por qué me preguntas a mí? Búscate a otro…

—Tú usas el viento y pareces bastante hábil. Que no te guste estudiar es otra historia, pero necesito tu ayuda. Además, mi elemento es el fuego, el tuyo más afín, así que podría serte útil también.

—No creo que me pueda ayudar alguien que casi se desmaya por hacer ese truco. A estas alturas no podemos debilitarnos con nuestro primer elemento —Yenis sabía que tenía algo de razón, pero se le había acabado la paciencia.

—¡Yo necesito aprender a usar el viento, y tú a usar el fuego; podemos ayudarnos! ¡¿Qué tienes que perder?! —Lander se sorprendió, no esperaba que un chico mediocre sacase tanto genio de dentro, además tenía una mirada decidida en sus ojos… Suspiró.

—De acuerdo, hagamos un trato: a las cinco en la explanada del centro del bosque. Libraremos un combate y, si ganas, practicaremos juntos.

—¡De acuerdo!

***

El sol brillaba sobre la arboleda que delimitaba la zona, ocasionando que las ramas proyectasen varias sombras alrededor del claro. Lander y Yenis se encontraban el uno frente al otro. El viento hizo que una hoja se desprendiera de un árbol. Pasó por delante de ambos y, en cuanto cayó al suelo, los dos alzaron el vuelo.

—Vaya, buenos reflejos.

Yenis no dijo nada, estaba más concentrado en lo que pudiera hacer Lander a continuación, aunque tampoco pudo evitarlo: sopló y se originó una corriente de aire que lanzó a Yenis contra el suelo.

Pudo reaparecer a escasos metros sobre Lander, mientras formaba una bola de fuego. La lanzó, pero Lander no se movió del sitio. Creó una barrera de aire que paró el impacto y disolvió la llama.

—¡Con ese nivel no vas a poder ganarme!

Yenis se mantuvo en el aire y cerró los ojos para concentrarse, pero Lander no le dio importancia.

—¡Oh, venga ya! —Lander agitó sus alas y voló hasta él rápidamente para darle el golpe de gracia, pero al intentar tocarlo, la figura de Yenis se convirtió en fuego al mismo tiempo que desaparecía.

«¿U… una multiplicación? ¡¿En serio sabe hacer eso ya?!»

Lander lo entendió al instante; antes, cuando había parado el fuego con su barrera de viento, Yenis debió aprovechar su falta de visión y concentración para crear la copia. Lander miró a su alrededor; pero ya era tarde. Yenis se encontraba unos metros detrás de él.

—¡Lander! —a lo que él respondió con una expresión de miedo, ¡¿de dónde estaba saliendo tanta magia tan concentrada de repente?!— No pienso perder contra ti. —juntó ambas manos— Voy a ganarte… ¡y me enseñarás a usar tu elemento!

En ese momento, Lander creó en su mano una esfera de viento concentrado que bien podía guardar dentro los vientos de Eolo, pues no era translúcida en absoluto y se tornaba de un gris oscuro. Yenis creó en su mano una esfera de fuego de características similares y ambos se lanzaron contra el otro, usando sus alas a la mayor velocidad que podían. Sus manos chocaron, pero todo había salido como Yenis quería: la esfera de Lander desapareció, mientras que la de Yenis se hizo más grande, elevándose sobre ellos, perdiendo su forma circular, transformándose de una manera grotesca y llegando a convertirse en un dragón. Lander lo miraba aterrorizado, y Yenis aprovechó para darle un puñetazo que le mandó al suelo a gran velocidad. Sus alas desaparecieron, demasiado débil como para poder mantenerlas.

—Lo que no me mata… —tras decir esto, Yenis estiró el brazo derecho apuntando hacia Lander, como queriendo decirle al dragón que se abalanzara sobre él.

—¡No! ¡¡¡E… Espera!!! —Lander estaba realmente asustado, no se podía creer como estaba a punto de perder, y salir malherido de un combate con alguien inferior que no era capaz ni de controlar un solo elemento a derechas.

—¡¡¡me hace más fuerte!!! —el dragón empezó a descender a toda velocidad contra Lander.

—¡¡¡De acuerdo!!! ¡¡¡Lo admito, he perdido!!! —Lander se estremeció y cerró los ojos; no podía seguir mirando lo que estaba a punto de machacarle.

Pero nada más lejos de lo esperado, justo antes de que el dragón le tocase, desapareció, y también las alas de Yenis, que cayó al suelo quedando junto a Lander. Ambos tenían un aspecto lamentable.

—¿Qué ha sido eso…?

—Jeje… Ha sido suerte. La suerte de que te rindieras; no podía mantenerlo por más tiempo… —A Yenis le faltaba el aire.

—¿Dices que al final no me habría pasado nada?

—Podía haberte golpeado con la bola de fuego, pero no creo que hubiera sido suficiente para hacer que te rindieras; preferí ir a por todas y hacer lo máximo posible para asustarte… —Yenis no perdía la sonrisa, y ahora Lander acaba de ganarla.

—La madre que… Estás loco. Casi me matas, sí… Pero del susto. Y pensar que podía haberte ganado…

—Pero te has rendido, tú mismo lo has dicho. Tendrás que enseñarme a usar tu elemento. Solo tenemos una semana.

Lander miró hacia otro lado y frunció el ceño, al mismo tiempo que se empezaba a sonrojar.

—Pero más te vale enseñarme ese truco tan chulo del dragón —Yenis sonrió.

—¿Has visto la Orden del fénix?

—¿El qué…?

***

En el mismo descampado, ahora los árboles tenían menos hojas. Estaban todas en el suelo junto a Yenis partidas a la mitad. Lander permanecían sentados, con otra ropa y ambos sudando, y no hacía precisamente mucho calor.

—Muchas gracias por tu ayuda, Lander. Sin ti seguiría sin poder usar el viento.

—No me lo agradezcas tanto a mí, yo solo amplié la teoría de los libros y te di algunos consejos por experiencia. Tú llevas dos semanas entrenando casi sin descanso; no sé cómo has aguantado. Por cierto, buen truco el de las velas; ya soy capaz de crear medianas cantidades de fuego.

—Me alegro. Pero más me has ayudado tú, no conocía el truco de usar el aire para empezar a partir objetos débiles como las hojas y así coger habilidad con el viento… —Yenis bebió otro trago de agua— Dime, ¿no pensabas que con tu elemento tenías las de perder contra mí aquel día? ¿Cómo es que no dudaste? —Lander se sonrojó y puso algo de morros, recordando el primer combate que tuvieron.

—Te… te subestimé, ¡¿vale?! No pensé que fueras tan fuerte. Tranquilo, ambos pasaremos el examen sin problema…

***

Dicho examen llegó. Lander logró crear cinco bolas de fuego de tamaño considerable, acompañándolas de una corriente de aire circular que acabó formando un anillo de fuego, envolviendo todo el estadio por dentro. El profesor tomó nota, mientras le decía que había pasado sin lugar a dudas.

Lara lo tuvo más fácil: para crear agua solo hacen falta oxígeno y nitrógeno. El primero prolifera en el aire, el segundo abunda en la propia litosfera, y los usuarios de agua tenían la capacidad de manipular estos dos elementos. Alteró el terreno haciendo que parte del suelo se levantara hasta levantar un muro y, a continuación, creó una cascada. Caleb la felicitó.

Por último, le tocó el turno a Yenis, quien avanzó con decisión. Lara y Lander le miraban con atención. Juntó ambas manos y creó un torbellino de fuego. Después le añadió viento para aumentar su potencia y el resultado fue mayor de lo esperado: el tornado se volvió una gran columna de fuego, ocupando casi toda la superficie del estadio en el que se encontraban. Toda la clase se asombró, y Lara no podía creer lo que veían sus ojos. Lander, al contrario que en el pasado, le recibió con una sonrisa y un choque de manos.

—Enhorabuena, chaval.

—¡Gracias! ¡Es que no me lo creo! ¡¿Has visto eso?! ¡Lara, creo que al fin podré seguirte el ritmo! —de la alegría sacó sus alas y emprendió el vuelo a toda velocidad hasta su casa; no podía esperar a contárselo a sus padres. Lara y Lander permanecieron en el suelo.

—Me alegro de que al fin haya progresado con sus poderes. Gracias, Lander. Yenis me ha contado que le has ayudado mucho —Lander miraba a Lara con suma atención.

—No ha sido nada… Por cierto, Lara, ¿quieres que vayamos a dar un paseo por la ciudad?

—No, gracias Lander, pero ya tengo otros planes —dijo mientras se dirigía hacia la salida del centro.

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