IV - Una nueva compañera



Otro día en el que la pareja se dirigía hacia el instituto. No tardaron nada en encontrarse con Sara por el camino.

—Anda… Hola, Yenis; hola, Julia.

—Buenos días, Sara —saludó Yenis.

—Ah, hola Sara. —dijo Julia. Su presencia la intimidaba.

—S-Sí, claro… —dijo con una pequeña sonrisa—. El viernes no te pregunté por el examen… ¿Qué tal? ¿Crees que te ha salido bien…?

—Sí, no creo que tenga problemas para aprobar. A ti por el contrario te cuesta entender las clases, ¿no?

Ese comentario la puso algo nerviosa. Más de lo que ya estaba. Yenis frunció el ceño de pronto.

—Bu… bueno… Me manejo más o menos…

—Ya —le cogió la mano a Yenis—. Puedes ir adelantándote si quieres, nosotros vamos a nuestro ritmo.

—¿Eh? Ah, sí… Claro… Bueno… ¡pues nos vemos en un rato!

Sara salió disparada en dirección al centro.

—Buf, qué pesada la niña… ¿Y hoy teníamos matemáticas, Yenis?

—Sí, precisamente a primera hora —respondió Yenis, y le soltó la mano. Julia se extrañó.

—¿Cielo...? ¿Estás...?

—Estoy bien, pero tampoco hace falta que desprecies a nadie. No tienes que preocuparte por perderme, ¿de acuerdo?

Los dos continuaron caminando hasta el centro. Julia estaba algo molesta, pero no se preocupó por su control sobre Yenis.

Una vez llegaron al aula, sonó el timbre de primera hora y el profesor entró.

—Buenos días. Tengo una noticia para vosotros: tenemos nueva compañera, así que antes de nada vamos a darle la bienvenida —los alumnos pusieron cara de extrañeza al oír que alguien se iba a incorporar en medio del curso—. Los profesores han tenido que hacer una excepción, ya que, aunque el curso ya haya comenzado, ningún otro centro tenía plazas libres y los padres estaban en una situación complicada. Lara, puedes pasar.

Entonces entró en el aula una chica con ojos color turquesa, pelo de ese mismo color, corto, llegándole casi hasta los hombros, complexión delgada y una figura esbelta.

—Chicos, esta es Lara. Como ya os he dicho, sus padres se han tenido que mudar por asuntos de trabajo, así que espero que os llevéis bien con ella. Mira, puedes sentarte por allí.

—Gracias. Encantada de conoceros —dijo con una sonrisa y una voz angelical.

Se dirigió con su mochila al asiento que le acababan de señalar.

—Lara, ¿tienes ya el libro de matemáticas? Es la asignatura que tendrás conmigo.

—Sí, aquí está —respondió tras haberlo sacado de la mochila—. Tengo ya todos los libros.

—Perfecto. Pues mira, los demás han hecho el viernes pasado, así que esta semana voy a tratar de ponerte al día con los contenidos que hemos dado hasta ahora.

—Vale. Muchas gracias.

Entonces el profesor dio las notas del pasado examen que ya tenía. Yenis se sumó otro sobresaliente a la media, Julia un notable alto, y Sara respiró aliviada al ver un suficiente en el papel. Lara se estaba adaptando bien pese a haber llegado hace tres horas al centro; era el centro de atención por parte de todos sus compañeros y compañeras. Llegó el recreo y algunas chicas fueron a preguntarle en qué trabajaban sus padres, qué le gustaba hacer en su tiempo libre, si tenía novio…

Julia y Yenis se levantaron para salir del aula, pero Yenis fue antes hasta Lara para presentarse adecuadamente.

—Encantado, Lara. Yo soy Yenis —se disponía a darle un par de besos en las mejillas, pero Lara alargó su mano.

—Encantada, Yenis.

Y Yenis alargó la suya para corresponderla. Las compañeras se quedaron algo extrañadas, aunque no le dieron importancia. Lara seguía sin soltar la mano de Yenis, y Julia se percató de ello.

—Eh, eh, eh, tranquila, que ya le has saludado como para diez días —y le cogió la mano a Yenis.

—¿Perdón?

—Yo soy Julia, su novia. Encantada. Ahora si no te importa, queremos salir—y ambos se fueron.

—He ahí la mejor compañera de clase, sí señor. No te acerques mucho a ella —le aconsejó Débora.

Lara se había quedado mirando en dirección a la puerta.

—Nah, no pasa nada. Gracias, chicas.

Débora y algunas compañeras más se habían empeñado en enseñarle a Lara la cafetería y los demás lugares del centro.

—Seguro que te acaba encantando nuestra ciudad.

Luego de que finalizaran las clases, Lara, que caminaba algo más atrás, vio como Yenis y Julia entraban en su edificio. Continuó su camino.

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