Epílogo



Una muchacha joven de once años y ojos verdes había llegado al fin a la guarida, una pequeña gruta situada a media altura en una montaña. La chica tenía su ropa algo quemada y rasgada y presentaba unas quemaduras leves en las manos. Allí, un joven de pelo corto y negro con una máscara por la cual solo podían distinguirse sus ojos rojos, inconfundibles, propios de la raza de los ashiri, la aguardaba sentado, pero con impaciencia. Al verla se levantó.

—Has tardado.

—Te pido perdón, al final estaba más escondida de lo que creía…

—¿La tienes?

Entonces la chica sacó de un bolsillo una gema roja de forma octogonal, pero alargada entre dos extremos. El enmascarado fue hasta ella y la cogió con ansias, momento en el cual emitió un leve brillo durante un par de segundos.

—Sí… Ciertamente parece auténtica…

El muchacho ya no prestaba atención a la chica, estaba obcecado en examinar de cerca la gema. Se dirigió al exterior de la cueva y señalo un volcán situado a unos cuantos metros de distancia.

—¿Ves ese volcán? Lleva años inactivo.

—Sí, lo sé…

Entonces el enmascarado apretó la gema dentro de su puño derecho y levantó el brazo, mientras, con el izquierdo colocado verticalmente, hacía una serie de sellos con su mano. De pronto, sucedió lo inesperado, incluso para el chico, un enorme dragón, formado de fuego en su totalidad, se formó frente a ellos, sosteniéndose en el aire con sus alas. El muchacho dirigió su mirada al volcán y bajó su mano derecha, apuntando hacia él. El dragón disparó una gigante y ardiente esfera de fuego candente que chocó con la montaña inactiva, que en cuestión de segundos no solo quedó destrozada, sino que empezó a emitir humo, y más tarde lava. El volcán volvía a estar activo. La chica ahora estaba preocupada, seguramente por si el fuego pudiese llegar a algún pueblo cercano.

—No te preocupes, no hay tanta lava para que se propague en exceso, y mira al cielo: es cuestión de tiempo que empiece a llover y el incendio se sofoque solo.

La muchacha respiró tranquila, su señor tenía razón. El dragón desapareció y el chico dio media vuelta. Sonrió y abrió su puño para observar de cerca la gema una vez más.

—Perfecto. Ya solo quedan siete…

boton_modo_oscuro