X - Adiós



Lara y Yenis se encontraban frente a Víctor, a una distancia prudente.

—Ni tú ni yo estamos en plena forma, habrá que acabar con esto cuanto antes.

—“Acabar con esto” … Quieres decir… ¿matarlo?

—Lo que sea necesario para detenerlo.

—Yenis… Yo no estoy preparada para…

Una corriente eléctrica fue a por Lara antes de que acabara la frase. Yenis la cortó en seco con un tajo de oscuridad.

—¡Si no puedes, déjamelo a mí, pero al menos cúbreme y no dejes que te haga daño!

—Bien… creo que hay algo que podemos hacer.

Al otro lado del humo, Víctor se encontraba confiado a la vez que impaciente por su doble ataque para acabar con esto cuanto antes, aunque también precavido.

Ya no podré volver a usar por ahora mi técnica temporal… pero no importa.

—¡Si vais a atacar, no deberíais darme tanto tiempo para recomponerme!

Pero de pronto se vio obligado a esquivar una cantidad importante de ataques de fuego y agua. Víctor se movía sin parar, tratando de esquivarlos todos, pero cubrían un gran área.

—No me compensa anular el agua de Lara… Así que…

Juntó ambas manos y creó tal corriente de aire que los ataques se dispersaron causando estragos al castillo y zarandeándolos en el aire a ambos. El viento los mantenía bien separados de Víctor e indefensos en su duración.

—Esta corriente me impide teletransportarme incluso a mí, pero da igual…

Estiró ambos brazos y creó dos lanzas de electricidad, ambas amarillas y bastante gruesas, que salieron lanzadas hacia delante, creando dos agujeros en medio de la neblina y yendo directas a sus contrincantes. Los atravesaron.

Hasta que antes de suceder lo no tan evidente para Víctor, Yenis apareció sobre él creando una columna de fuego hueca del tamaño justo, pero de la temperatura más alta que podía crear. Lara se encontraba a la espalda de su amigo apoyando sus manos sobre la misma, desprendiendo una luz verde. La temperatura no dejaba de aumentar y Lara empezó a sudar. Por partida doble.

—Si me das tanto poder te agotarás y no podrás hacer tu parte…

—No te preocupes… —Lara se separó— ¡Sigamos con el plan!

El fuego de Yenis ardía cada vez más, y Lara estaba creando en el suelo una fuerte plataforma de agua medio helada, con cierta solidez. La temperatura del fuego subía cada vez más y más, hasta que, gracias al poder de tierra de su amiga, empezó a tornarse en lava. Ambos elementos comenzaron a mezclarse, formando una masa rocosa de alta dureza.

Víctor estaba sudando y tratando de salir de ahí, pero todo era inútil. Yenis sonrió.

—¿Te olvidas de tu masa de aire? ¡No vas a poder teletransportarte!

—Maldito crío…

—Y la unión de los polos opuestos… —antes de que Víctor pudiera reaccionar, Yenis apareció sobre él— ¡no es tan fácil de deshacer!

Le golpeó con la fuerza medida para que cayese en la masa que se estaba formando y sellando en el suelo. Lara terminó de encerrarle.

—Ahí dentro no puede oír nada… ¿Crees que durará mucho? —a pesar de esta pequeña victoria, Lara no se había relajado.

—La única forma que tiene de salir de ahí sería con una explosión de luz, pero al estar totalmente cubierto, su propio ataque le golpearía también a él. Tenemos que prepararnos ahora mismo antes de que vuelva…

—¿Tienes algo pensado…?

—Mi habilidad especial ya se ha restaurado… Puedo crear una ilusión a gran escala y vencerlo por sorpresa. Lo mejor contra él es la velocidad, pero sobre todo la potencia: consigue una buena posición y ten preparado el ataque más rápido y certero que puedas, que yo haré lo mismo.

—De acuerdo… —ambos se dirigían a tomar posiciones— Yenis…

—¿Sí?

—Lo siento… por todo. Si quieres, cuando todo esto termine, podríamos hablar tranquilamente de lo que ha ocurrido…

—No pasa nada… Hacías lo que creías conveniente…

—Eso no lo piensas de verdad, ¿no? Sé que no te gusta discutir.

Yenis permaneció en silencio unos instantes.

—No, lo cierto es que no. Sé que querías hacer lo correcto… Pero deberías haberme hecho más caso.

—Lo siento, de verdad… Pero… déjame decirte algo…

—Dime, dime, que voy a ir creando algo de niebla —Yenis empezó a mover los brazos por debajo de su cintura apuntando al suelo y elevándolos hasta ponerlos en cruz. Ambos tomaron posiciones—. Empiezo a sentir una concentración de energía… Si quieres decirme algo que sea ya.

Lara estaba avergonzada, pero también sabía que no era seguro que ambos salieran de esta sanos y salvos.

—Yenis… Llevamos siendo amigos desde el colegio… Siempre nos hemos llevado bien… Aunque eras el último de la clase, siempre estaba contigo porque no quería que se rieran de ti… Tú siempre eras amable con todos y también lo fuiste conmigo…

A Yenis se le nubló la mente por un segundo. No podía ser lo que estaba pensado.

—Venga ya… ¿qué quieres decir? —dijo, sosteniendo una especie de sonrisa.

—Que tú… Desde hace mucho tiempo, me has g…

De pronto hubo una enorme explosión blanca y las rocas de la prisión salieron volando por los aires. De dentro salió Víctor, con un aspecto mucho más humilde, con la ropa destrozada y jadeando.

—Muy bien, muy bien… veo que mi hijo sabe trabajar en equipo… —intentaba provocarlo, pero el silencio reinaba en medio de toda esa niebla. Víctor avanzó algunos pasos—. He de decir que estoy impresionado.

Su voz revelaba agotamiento con cada palabra. Parecía no ver que Yenis estaba delante de sus propios ojos, oculto por el efecto de su ilusión.

—¿Por qué os ocultáis? Venga… Es evidente que estáis preparando un ataque sorpresa. ¿No podéis ser un poco… menos predecibles…?

Ya frente a él, su hijo sacó una espada de luz y oscuridad. Rebosaba de energía altamente concentrada: gruesa, pero ligera y punzante.

—Como he dicho… usaré este poder para acabar contigo… —Víctor no se inmutaba; el Tsukuyomi parecía estar funcionando.

—¿Es que vais a alargar esto hasta el día del Juicio Final? ¡Yenis! ¡Lara! ¡Podríamos haber sido una familia si lo hubierais querido!

Yenis sostuvo la espada horizontalmente y echó el brazo hacia atrás, dispuesto a realizar un tajo directo.

—Esto se acabó, Víctor.

—Estoy de acuerdo.

No supo cómo reaccionar: Víctor le miró a los ojos y, casi sin darse cuenta, Yenis se encontró con una lanza eléctrica amarilla atravesándole.

—Más débil que la azul… pero mucho más rápida.

Yenis tosió sangre y cayó de rodillas al suelo, tratando de aguantarse con una mano. El ataque de Víctor desapareció.

—Oh, si te preguntas cómo lo he sabido, es mi segunda habilidad especial: puedo ver la verdad detrás de una ilusión, por poderosa que sea. Era más que predecible que intentarías esto después de atraparme temporalmente. Ahora… —una copia de Víctor apareció frente a Lara, cogiéndola por el cuello y saliendo de su otra mano otra lanza eléctrica— es tu turno, querida —sosteniéndola, la lanzó hasta donde estaban Yenis y el Víctor original. La copia despareció.

—Bueno… con esto ya se han acabado todos los estorbos —Víctor se arrodilló para hablar con su hijo.

—No eres más… que un asesino…

—Si te hubieras unido a mí no tendríamos que haber llegado a esto.

Yenis miraba a Lara, la cual se encontraba a unos pocos centímetros junto a él, agarrándose el cuello tratando de parar la hemorragia, pero todo era en vano.

La mirada de Víctor se dirigió a la mano de su hijo.

—Al fin…

Yenis no dudó y pudo reunir fuerzas para apartarle de un puñetazo, aunque sin mandarle muy lejos.

—Esto no ha acabado… Aún puedo…

Pero antes de que se incorporara, Lara, arrastrándose por el suelo, consiguió cogerle del brazo.

—Lara… Dios… No te muevas, te prometo… que acabaré con él… —Yenis no podía soportar ver a su mejor amiga desangrada y a punto de morir por culpa de su propia torpeza. Otra vez.

Lara hizo un gesto negativo con su cabeza, Víctor le había atravesado la garganta y no podía hablar.

—Lara por favor… No te fuerces…

Su mano empezó a brillar en una tonalidad verde similar a la de la esfera de Hefesto. Y Yenis recuperó, aunque no demasiadas, algunas fuerzas.

—¡Lara! ¡¿Qué haces?! ¡Si haces eso, tu vida…!

Pero ella se limitó a hacer otro gesto negativo con la cabeza y dedicarle una sonrisa, y, ¿por qué? ¿Por qué ahora Yenis tenía la certeza de que era una sonrisa totalmente sincera…?

Su mano dejó de brillar, y la muchacha se desplomó sobre el suelo.

Yenis no podía soportarlo. No podía aguantarlo más. ¿Cuántos amigos tenía que perder para que todo esto acabase de una vez?

—Ya no vas a tener más milagros, hijo…

Yenis no reaccionó. Tenía la mirada perdida. Era como si no le hubiese oído. Víctor caminó hacia él y sacó de nuevo una lanza de electricidad. Yenis seguía sin inmutarse y Víctor presentía lo destrozado que acababa de quedar por dentro. Le puso una mano en el hombro.

—Ya no tienes nada de qué preocuparte. Todo ha pasado…

Hasta que el discurso paternal se vio interrumpido por tres lanzas azules de electricidad que atravesaron el cuerpo de Víctor en tres direcciones distintas.

—Yenis… ¡siento no haber venido antes!

Aunque la mente del chico mente seguía perdida y no reparó en la aparición de su amigo Hermes. Víctor no supo qué hacer, las lanzas le atravesaron los puntos vitales. Ya tenía la victoria al alcance de la mano… ¿esto iba a acabar así?

Usó sus últimas fuerzas para, de nuevo, atravesar a su propio hijo, que no hizo nada por defenderse.

—¡No! ¡Yenis! ¡Aléjate de él!

—Tú… te vienes conmigo, hijo…

Ambos cayeron al suelo. Hermes fue corriendo hasta ellos, cogió el cuerpo de Víctor, ya inerte, y lo lanzó todo lo lejos que pudo.

—Oye, oye, oye… ¡Yenis! ¡Despierta! ¡No puedes morir ahora!

Hermes se apresuró a presionar su corazón para ayudar a bombear la sangre, pero el muchacho no reaccionaba.

—¡Despierta! ¡No puedes irte ahora! ¡Hay mucha gente que sabe lo que has hecho! ¡Y que te apoyan!

Pero él ya no estaba allí. Ni en ninguna parte, no sentía nada.

***

Hasta que despertó, pero no en el castillo. Vio un techo blanco antes de levantarse. Tenía la misma ropa, pero no estaba rota ni sucia, y su herida había desaparecido, no sentía ningún dolor.

—¿Ya estás despierto?

Yenis miró a su alrededor: una habitación pequeña, redonda y, sobre todo, blanca. Una mesa de mármol, una silla hecha del mismo material y, sentado sobre ella, una figura de aspecto muy humano, con una pequeña barba blanca y una mirada apacible. Sobre la mesa había un libro similar a un diario de visitas, una pluma con su correspondiente tintero, una pequeña cajita de madera cerrada…

—Supongo que estarás algo confundido. Tranquilo, es normal, quién no lo estaría —la sonrisa de ese hombre no transmitía otra cosa que no fuera bondad.

—¿Quién es usted…? ¿Dónde estoy…? —Yenis de pronto recordó la situación en la que se encontraba hace apenas un minuto— ¡Mi herida! No está… —entonces se dio cuenta: era obvio lo que estaba pasando, aunque nunca había creído en estas cosas— Estoy… muerto, ¿verdad…?

—Ese es el problema: que estás aquí, pero aún no has muerto. Esto es el umbral, Yenis, entre tu mundo y el siguiente. Todos los que mueren llegan aquí, y acto seguido siguen su camino, pero tú no has continuado, y no siento que puedas hacerlo.

—Pero entonces… ¿estoy muerto? ¿O no lo estoy…? ¿Quién es usted? —Yenis se dio cuenta de que el anciano aún no había respondido a la pregunta.

—Deberías haber muerto… pero tu alma es tan fuerte que no ha desaparecido del todo… aunque tampoco tienes fuerzas suficientes como para volver a tu cuerpo.

Yenis apretó el puño.

—Mi alma está podrida… ¿Eres el ángel de la muerte? Si es así, llévame, por favor… No merezco volver a mi mundo.

El anciano echó la silla hacia atrás y se levantó.

—Efectivamente, soy ese al que se podría llamar ángel de la muerte… Pero quizás me conozcas por otro nombre…

—¿Otro nombre? Ni siquiera sabía que algo como esto existiese de verdad, como para saber nombres de seres que se supone que no deberían existir…

—No puedo observar todo lo que me gustaría de vuestro mundo, pero tengo entendido que se habla de mí en los libros de historia…

Yenis cayó de la burra. ¿Es posible que este ser que se hallaba ante él fuera anteriormente un humano?

—¿Rey… Azrael…? —el anciano sonrió—. ¡No puede ser! ¡Pero si eras humano! O al menos eso dicen los libros, ahora mismo ya no sé ni que pensar…

—Todo lo que dicen tus libros es cierto: fui el monarca de tus tierras durante años, pero me llegó la hora, como a todos.

—¿Cómo demonios llegaste aquí…?

—Me pasó como a ti: no pude seguir mi camino y me encontré aquí al anterior guardián. Me dijo que debía sucederlo y así lo hice, él pudo descansar, y ahora su tarea es la mía.

—Y ahora yo debo sucederte a ti, ¿verdad? Bueno… supongo que es un castigo adecuado.

—Ese es de nuevo el problema: yo no pude seguir mi camino, pero mi alma había muerto completamente, la tuya no.

Yenis volvió a estar completamente perdido.

—¿Entonces qué hago aquí? ¿Estoy muerto o no? ¿Para qué estamos hablando? —Azrael se dio cuenta de lo molesto que estaba el chico.

—Yenis… Sé lo que ha pasado…

—No tienes ni idea de lo que ha pasado. Si no hubiera interferido en la coronación… Igual hubiera sido mejor dejar que Víctor se quedase con el anillo desde el principio…

—El alma de Víctor acaba de estar aquí y pasar al otro lado, pude detectar su maldad. Hiciste lo correcto —Yenis dio un golpe en su mesa y las lágrimas brotaron de sus ojos.

—¡Lara, mi mejor amiga, ha muerto! ¡Y Hefesto! ¡Y Ana! ¡Y Sara! —Yenis cerró los ojos durante un par de segundos— No fui más que un asesino y un inconsciente. Por culpa de mi arrogancia los he arrastrado a todos conmigo… —hubo un silencio sepulcral durante unos segundos.

—Yenis… Aun no te he dicho qué estás haciendo aquí. Lo cierto es que ni yo mismo lo tengo claro, nunca me había pasado cosa semejante, pero desde luego no es para sucederme, ya que tu alma no ha muerto por completo y yo no puedo interferir en tu mundo. No puedes pasar al otro lado, pero tampoco puedes permanecer aquí ocupando mi lugar. No sé si sabes por lo que se me conoce… Llegué a controlar uno de los dos elementos ancestrales, el de la oscuridad…

La expresión de Yenis se tornó en seria. Extendió la mano y creó una esfera de ese mismo elemento.

—Lo sé, lo conozco bien —la esfera desapareció y el chico volvió a bajar el brazo.

—Pero tú has logrado una proeza que ni yo ni nadie antes había logrado: controlar no solo uno, sino los dos elementos ancestrales: luz y oscuridad. ¿Te das cuenta de lo que representa eso?

—Solo es poder, un poder maldito que ha hecho que gente inocente muera, y no hablo por mí. Pensé que podría hacer cualquier cosa, que podría vencer a Víctor y salvarlos a todos… pero me equivoqué. Otra vez —de pronto, Yenis tuvo una revelación. La voz que había escuchado antes de ponerse el anillo… Miró su mano: ahí seguía, el anillo del rey Azrael, y delante estaba su antiguo dueño—. ¿Fuiste tú…?

El antiguo monarca asintió.

—No se me permite interferir en vuestro mundo… Pero consideraba que era necesario. Si pude hacerlo y sigo aquí es que nadie superior lo considera como un error.

—Pero ¿qué más te daba? Tú ya estás muerto, mi mundo no es el tuyo, ¿qué necesidad había de ayudarme?

—No era una pelea justa, y lo sabes. Tu padre te contó antes de morir que había sellado tus elementos ancestrales al nacer, ¿no? Además… aunque por aquel entonces no lo supe, tú tenías un potencial fuera de lo común… La prueba de ello es que estás aquí ahora, atrapado, sin poder continuar ni volver.

—Exacto, tú lo has dicho, estoy atrapado. ¿Qué sentido tiene todo esto? Si no puedo sucederte no veo qué demonios estoy haciendo aquí —Azrael hizo de nuevo otra pausa.

—Yenis… —Azrael fue hasta él— Sé que querías a Sara. Yo también tuve a alguien, pero me la arrebataron, y no tuve la oportunidad de salvarla, pero tú... Sabes que no existe absolutamente ninguna magia para resucitar a los muertos, ¿verdad?

De pronto a Yenis se le aclaró la mirada. Miles de imágenes pasaron por su mente en un segundo, imaginándose un montón de posibilidades sobre lo que podría ser posible o no dependiendo de lo que le fuera a decir a continuación el antiguo rey.

—Si existe una posibilidad, por ínfima que sea, de que los que murieron por mi culpa vuelvan a la vida…

—El motivo de que tu alma no pueda seguir adelante… son tus dos elementos. Tu alma es tan poderosa que no murió tan fácilmente por esa lanza de rayo… Así que puede haber una última oportunidad.

—¡¿Cuál?! ¡Haré lo que sea! —dijo Yenis sin pensar ni dudar.

—Aquellos que murieron a tus manos y por tu sangre… Solo ellos podrán volver.

La mente de Yenis pasó a estar más ocupada que nunca: Ana, Sara… Ambas murieron a sus manos, si le había entendido bien… Pero, ¿qué quería decir por su sangre?

—Tus antiguas compañeras Ana y Sara, que murieron por tu poder, tu amiga Lara a la que tu padre asesinó… Incluso ella está unida a ti, ya que la mató sangre de tu sangre… pero Hefesto no puede volver.

A Yenis no le hizo falta seguir pensando.

—Porqué… ¿Por qué las cosas tienen que ser así? ¡Pero a Hefesto lo mató Víctor también! ¡¿Si Lara puede volver, por qué Hefesto no?!

—A Lara la mató Víctor con su magia, pero a Hefesto le atravesó con una daga. No hay conexión posible con él.

Yenis no sabía qué decir… si hubiera sido un poco más prudente seguramente las cosas no estarían así.

—Dime qué he de hacer. Si al menos puedo salvar las almas de ellas tres… No vacilaré.

—Solo has de darme las manos y usaré el poder de tu alma para resucitaros a los cuatro… pero supondrá un coste.

Yenis se sorprendió, pero no fue por las últimas palabras del rey.

—¿Cómo que a los cuatro? De eso no hablaste. ¿Es que yo… también podría volver a la vida?

—No pareces muy contento.

—Yo no merezco volver…

—¿Tienes miedo de ser odiado por las tres? —por la expresión de Yenis, Azrael supo que había dado en el clavo.

—Todas me odiarían… Además, ¿qué sería de Sara y Ana? ¿Dónde reaparecerían? No iban a entender nada…

—Tendrías unos segundos antes de volver a tu cuerpo para hablar con todas y explicarles la situación… Siendo ellas estoy seguro de que lo entenderán.

—Eso sería perfecto… Pero no puedo volver… —a Yenis le vino a la mente el momento en el que mató a Sara y se llevó las manos a los brazos, mientras sentía un escalofrío— Sara nunca me perdonará… Ni yo me perdonaré por todo lo que hice. Claro que… Nunca las volvería a ver… No voy a volver a su mundo, por supuesto… No debería tener problemas…

—¿Eso es lo que quieres? ¿No volver a ver a la chica que amas?

A Yenis le dio un vuelco el corazón y las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos.

—¡No la merezco! ¡Y es un amor no correspondido, ella no sentía nada por mí!

Azrael dio un suspiro.

—Será mejor que te asegures tú mismo —dijo, a la vez que extendía las manos.

Sus sentimientos personales no importaban ahora: Yenis sabía bien lo que debía hacer. Si era necesario, resucitaría junto a sus compañeras y se encargaría de pedir las correspondientes disculpas, aunque no sirvieran de nada. Cogió las manos del rey.

—Aún no te he dicho el precio.

—Se me había olvidado esa parte…

—Eres un muchacho realmente humilde, Yenis… No debes culparte de lo que te ha pasado. Siempre hiciste lo que creíste correcto.

—Dime el coste.

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