IX - Saldar cuentas



Yenis no entendía lo que estaba pasando, o más bien no quería entenderlo…

De pronto, el dodecaedro en el que encerrados empezó a romperse. Víctor apartó la mirada, Yenis aprovechó para soltarse e hizo emerger del suelo una mano enorme de fuego negro, pero Víctor salió de ahí antes de que pudiera cogerle.

La estructura terminó de deshacerse y desapareció. Allí estaba el responsable, blandiendo la espada con la que lo había hecho.

—¡¿Tú también vas a traicionarme?!

—Eres tú el que ha traicionado al reino, e intentado asesinar a su propio hijo.

—Yo soy el único que ha empezado a alcanzar el poder de un dios… No me hagas tener que demostrarlo…

Hefesto no dijo más: se teletransportó junto a Yenis, le cogió con el brazo que tenía libre mientras con el otro, ahora desde el aire, lanzaba a Víctor una llamarada. Mientras se disipaba el humo se podía distinguir el boquete que se había formado en el suelo. Yenis estaba impresionado.

—Es como si el sol hubiera descendido hasta aquí…

—Tú mismo lo dijiste: me contuve en nuestro anterior combate —Hefesto dejó a Yenis apoyado en una pared—. Ahora descansa un poco, chico.

—¡¿Qué dices?! ¡No puedes con él! ¡Tengo que ayudarte! —la heroica frase de Yenis se cortó al toser algo de sangre.

—De momento tienes que descansar.

—Hefesto… No puedes con él. Anulará todos tus ataques… Tiene el elemento luz…

—Anulará mis ataques normales, pero no los que haga con mis habilidades. Tranquilo. Aunque no pueda vencerlo, al menos podré ganar algo de tiempo para que te repongas.

—¿Qué quieres dec…?

Hefesto encerró a Yenis en una esfera verde translúcida y desapareció de su sitio. Yenis notó que empezaba a recuperar las fuerzas, pero estaba demasiado confuso con lo que le había dicho antes Víctor. La cabeza le daba vueltas. ¿De qué estaba hablando? Yenis tenía unos padres. Unos padres que le habían criado desde pequeño, por siempre. Aquello no podía ser verdad… Pero, ¿entonces cómo acababa de despertar el elemento luz? Nada de esto tenía sentido…

El silencio reinaba en el ambiente, pero Hefesto no se movía de su posición y tenía todos sus sentidos bien atentos, hasta que un tajo de un blanco brillante dirigido a él cortó el silencio. Hefesto lo repelió con uno de su espada, por lo que ambos chocaron y empataron. Antes de que se disipara el humo, tanto Víctor como Hefesto permanecían en el aire, chocando continuamente, uno con una espada hecha de luz que podía competir con la de Hefesto, procedida de una Habilidad Especial. Hasta que la de luz empezó a agrietarse. Víctor volvió al suelo, desapareciendo al instante. Yenis desde su posición pensaba que se había teletransportado, pero Hefesto se temía que no fuera así, y lo confirmó cuando una serie de latigazos eléctricos comenzaron a llegarle de diversos lugares, sin que sus orígenes pudieran distinguirse.

Entonces Hefesto empezó a rodear su cuerpo de agua y blandió su espada con ambas manos, preparándose para el siguiente impacto.

—¿En serio eso es lo mejor que se te ocurre?

La voz de Víctor seguía procediendo de todas partes, así que por ahí no se le podía localizar, pero Hefesto ya contaba con ello, ese no era su plan.

Un nuevo ataque eléctrico se dirigió hacia él, pero estaba preparado: recibió el impacto y, al estar rodeado de agua con sales minerales, le dañó más de la cuenta, pero precisamente por esa conductividad, el ataque no cesaba, y a través de ese rayo comenzó a fluir velozmente una corriente de agua hasta la posición, ahora clara, de Víctor. Hefesto, rápidamente, viajó hasta ese punto y le asestó un golpe con su espada. Víctor salió despedido.

—Así que puedes hacer eso con tu elemento, ¿verdad? Desviar tu propia luz para hacerte invisible.

Yenis lo estaba escuchando todo.

—Así que así era como lo hacía antes…

—Vaya, impresionante… Eres el primero en descubrir el secreto de esta técnica.

—No por nada pude llegar a ser uno de tus guardaespaldas.

—Pero me temo que ni tú ni Yenis podéis vencerme.

Una nube negra comenzó a formarse rápidamente sobre sus cabezas.

—Espero que no hayáis olvidado que mi nivel 5 me permite crear los elementos de la nada a una buena escala.

Las nubes iban en aumento y cada vez eran más oscuras. Empezaron a sonar truenos. Yenis podía sentir claramente la diferencia de nivel, y estaba especialmente preocupado: Hefesto se estaba moviendo más lentamente que en su combate.

—¡Hefesto! ¡Esto no es nada comparado con lo de Jacob! ¡Vete de aquí!

Hefesto no se inmutó de su sitio.

—Víctor… te aconsejo que no me subestimes.

Hefesto clavó su espada en el suelo y juntó ambas palmas de las manos. En contraste con el aire frío de las nubes de Víctor, comenzó a soplar una cálida brisa. De pronto, las nubes se fueron disipando y una luz anaranjada brillante empezó a emerger entre ellas.

Víctor no estaba tranquilo. Cargó un ataque de luz y se lo lanzó a Hefesto, pero un escudo del mismo color dorado que la luz superior evaporó ese ataque.

De esta manera, hizo acto de presencia una enorme ave dorada envuelta en llamas.

—Este es…

—Osiris. O a lo mejor… la conoces más como el Ave Fénix.

—Hefesto… Sabes cuál es el precio por invocarme, ¿verdad? —para sorpresa de Yenis, el enorme pájaro podía hablar. Hefesto bajó la cabeza, pero inmediatamente volvió a levantarla, con una mirada decidida.

—Puedes llevártelos, ahora lo importante es vencer al enemigo.

—Nunca antes habías tenido que invocarme, debe ser un gran oponente… —Osiris miró a Víctor con atención durante un par de segundos— Un usuario del elemento luz… Realmente ha habido muy pocos como este.

Víctor lanzó un rápido ataque de rayo al pájaro, pero desapareció antes de tocarle.

—No debes subestimar a un dios —dijo el Ave con toda su soberbia.

Entonces una luz azul emergió de Hefesto hacia Osiris. Mientras el dios se fortalecía, Hefesto parecía haber envejecido diez años en un instante.

—Hefesto… Qué has... —Yenis no entendía lo que pasaba.

—Este es el precio por el poder de Osiris… Una parte de mi vida… Pero no creas que es en vano —dirigió su mirada hacia Víctor, que intentaba volar y teletransportarse lejos de ahí, aunque sin éxito—. No puedes escapar de esto… —Hefesto levantó su mano derecha y la bajó apuntando hacia Víctor— ¡¡¡Adelante!!!

—Si no puedo salir de aquí volando, siempre… —Víctor se disponía a salir corriendo de ahí, pero entonces unas columnas de fuego negro le cortaron el paso.

—¡Yenis! —dijo Víctor, viéndole sobre él mientras le apuntaba con un arco hecho del mismo fuego con el que le retenía en el suelo.

—Sabía que no me fallarías, muchacho. ¡Acabemos con él!

—¡Sí!

El Ave Fénix lanzó una gran llamarada dorada y Yenis una flecha. Ambos ataques se fusionaron y crearon una esfera de fuego negro brillante. Pero entonces a Víctor le cambió la expresión de la cara, al mismo tiempo que unía sus dos manos como si sostuviera algo entre ellas, cada una abierta hacía una dirección, verticalmente.

—Que el dios del tiempo se revele ante mí…

De pronto todo se congeló. Incluso Osiris: todo y todos estaban ahora totalmente paralizados.

—Que consiguiera desarrollar esta técnica demuestra que he empezado a acercarme a la Primogénita. Y aunque solo pueda ejecutarla una vez al día… —entonces estando frente a Hefesto, sacó una daga de su ropa y le atravesó— es más que suficiente, ¿no crees?

E inmediatamente todo volvió a la normalidad, pero la esfera de fuego desapareció antes de impactar contra el suelo, mientras Hefesto caía, desangrándose, y Yenis estaba confuso. Reaccionó y fue hasta Hefesto, tras lo que hizo retroceder a Víctor con un tajo de oscuridad.

—¡¿Qué ha pasado?! ¡Hefesto, ¿estás bien?!

—He congelado el tiempo. Solo han sido unos segundos, pero me ha bastado para acabar con él.

—¡¡¡Silencio!!! —lanzó una rápida bola de fuego a Víctor— ¡Hefesto! ¡Vamos, aguanta!

—Je… Nos ha engañado a los dos… —Hefesto no podía moverse, y la herida no dejaba de sangrar.

—¡Hefesto! ¡Venga! ¿Me vas a decir que alguien capaz de invocar a un dios no puede aguantar más?

—Ten en cuenta… Que te estuve protegiendo todo el tiempo… Eso agota más de lo que crees…

—La esfera curativa de antes… ¡¿La mantenías usando tu propia energía?! ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Yo no valgo la pena! ¡No puedo vencerle!

—Je… Eres… el primer ser en toda la historia que es capaz de usar los dos elementos principales juntos… ¿Y dices que no puedes vencerle? Pues si no puedes tú…

«Espera un momento… ¡tiene razón! He conseguido un doble poder que nadie había tenido nunca. Y si… —Yenis puso sus manos sobre la herida de Hefesto—. Domino los dos elementos principales… Toda la magia, todas las técnicas parten de aquí… Quiero usar magia curativa… Quiero curar esta herida ahora mismo…»

Pero nada ocurrió.

—Chico… Hasta el ser más habilidoso necesita entender una técnica antes de ejecutarla… No puedes pretender usar magia que no conoces… —lo que más le dolía a Yenis era que Hefesto no perdía la sonrisa.

—Hefesto, por favor… No te vayas… No puedo vencerle sin tu ayuda…

—Coge mi espada…

—¿Qué?

—Que cojas mi espada. La Espada de Belenus.

Yenis se percató de que la tenía justo al lado. La cogió por la empuñadura y, sin esfuerzo, la sacó del suelo. Hefesto comenzó a pronunciar unas palabras. Entonces Yenis empezó a sentir como el poder de la espada comenzaba a fluir por su interior…

—¿Qué me has hecho…?

—Te he transferido mi habilidad... Ahora la Espada de Belenus es tuya.

—Hefesto, no puedes… Esta habilidad la despertaste tú. Yo no puedo controlarla…

—Aquel día… Me apuntaste con ella como si tal cosa… No te quemó ni te pesaba… Eso demuestra que eres perfectamente compatible con ella. Puede que incluso más que yo…

—¡No! ¡Esta arma es tuya! ¡Te pertenece a ti!

—No… Yo ya no pertenezco… a esta tierra…

Yenis dejó de sentir su energía. Su fuerza, su magia… Todo se había esfumado.

—Vaya, vaya, vaya… En fin, supongo que eso le pasa por decirme cómo debo educar a mi hijo… Por cierto, ahora que estamos más tranquilos, supongo que quieres unas explicaciones, ¿no? Te las daré encantado.

Yenis seguía sosteniendo en silencio la Espada que hasta ahora había sido de Hefesto, pero finalmente le respondió, mientras sostenía en su mano una esfera de luz.

—Lo único que no puedo explicar… —dijo mientras miraba su mano— Entonces dime, ¿cómo estás tan seguro de ser mi padre?

—Nada más nacer te puse un sello. Una especie de candado para tu magia, por así decirlo. No sabía que dominarías uno de los elementos principales; mucho menos los dos, ¡imagínate! Así que me limité a sellar tu magia principal, y por lo que se ve funcionó durante bastante tiempo…

Ahora Yenis lo entendía todo. Toda su infancia, sus dificultades para usar la magia, su esfuerzo por dominar el fuego. No era su primer elemento, sino el segundo. Tanto luz como oscuridad contaban como el primero. No se esforzaba para dominar su primer elemento, se sobreesforzaba para dominar el segundo a la altura de lo que debería dominar el primero a esa edad. Y el elemento luz… Si lo había heredado de alguien, ni siquiera en la historia de Víctor se hablaba de parientes cercanos que lo hubieran poseído… Cada vez había menos dudas de que él realmente fuera su padre…

—Así que… Llevo toda mi vida limitado…

—Exacto. Pero me impresionas, llegaste a manejar tu segundo elemento al nivel de como deberías llevar el primero, o en tu increíble caso, los primeros. Pero no contaba con que el anillo de Azrael fuera tan poderoso, y mucho menos que acabara en tus manos, porque parece que consiguió romper el sello con solo ponértelo... Porque eso fue lo que pasó, ¿verdad?

«Tiene razón. En aquel momento… Aquella sensación de poder… Y que el anillo no me transmitiera rechazo… El elemento principal del rey Azrael era la oscuridad, elemento que yo también comparto, y él encerró su poder aquí… Cómo debía ser de poderoso para que, con solo ponerme su anillo, éste ya pudiera deshacer el hechizo de sellado…»

—Dime una cosa… ¿qué piensas hacer con todos cuando se enteren de esto?

—No es algo por lo que debas preocuparte, hij…

Sin que a Víctor le diera tiempo a darse cuenta, Yenis pasó a estar frente a él con la espada cargada de fuego negro apuntándole.

Atacó. El impacto expulsó a Víctor hacia atrás contra la pared a velocidad vertiginosa. Víctor empezó a gritar por las quemaduras del Amaterasu, pero tras unos segundos consiguió anularlo.

—No está mal… Pero olvidas que te supero en nivel —entonces Yenis apareció detrás de él sin que Víctor pudiera volver a anticiparse.

—¿Y lo sigues haciendo en velocidad?

Yenis le dio un puñetazo y volvió a salir despedido.

—Así que… Esa espada también aumenta tu fuerza física, eh… ¡Pero así tampoco vas a poder vencerme!

Yenis se mantuvo en silencio desde su posición. Sacó tres elementos y los añadió al ataque de la espada, lanzándole un tajo de fuego negro y blanco a Víctor, que no le dio tiempo a esquivar, pero pudo desviarlo hacia una pared, haciendo un agujero en ella.

—¡Ya veo que sabes aprovechar su poder, pero eso no será suficiente!

—Idiota —a Víctor le sorprendió de nuevo que Yenis apareciese a unos metros detrás de él— Ese no era el poder de la espada, sino una simple estocada.

Yenis tomó aire, el suelo comenzó a levantarse, rompiéndose en pedazos. La superficie alrededor suyo se rompía y ascendía, y Yenis empezó a emitir una brillante luz; negra, blanca y azulada.

—Qué demonios… ¡¿Qué es toda esa energía?!

—Trifuerza… ¡¡¡de Belenus!!!

Fueron tres segundos de reloj de absoluto silencio. El enorme tajo de energía desapareció después de pasar junto a Víctor y chocar contra el techo del castillo: un corte totalmente limpio acababa de partirlo en dos. Ahora toda la luz solar entraba por la parte superior. Víctor seguía en su sitio, tieso como una tumba. Una gota de sudor le caía por la frente.

—Qué pena… he fallado. La próxima vez no lo haré.

Víctor se asustó, pero mantuvo la sangre tan fría como su mirada. Más fría se volvió cuando la espada de Yenis desapareció, terminando por aparecer ante él armado con una espada de luz, pero éste pudo defenderse con una de oscuridad, aunque era la respuesta que Víctor esperaba.

—Parece que ya no eres tan gallito como antes, ¿eh? —Yenis se mantuvo en silencio— No hace falta que disimules, está claro que ese último ataque y el uso de esa espada ya te ha dejado con la mitad de tu fuerza.

—Tengo fuerza suficiente para vencerte —dicho lo cual creó una nube de fuego negro sobre Víctor y bajando un brazo empezó a desprender agujas ardientes. Víctor retrocedió.

—Te gustan demasiado los faroles, pero no vas a poder vencerme ni con tu nivel ni con esos poderes de segunda. ¡Deberías entregárselos a quien de verdad los merezca!

Comenzó a cargar todo su cuerpo de electricidad y a lanzar ataques. Yenis esquivaba unos, anulaba otros y algunos los contraatacaba, pero enseguida supo la intención de Víctor: guerra de desgaste; conseguir que Yenis se quedara sin fuerzas.

—Esto no es bueno… Como siga así me voy a agotar antes de haberle ganado…

—¿Qué te pasa, hijo mío? ¿Ya no te das tantos aires?

—¡No vuelvas a llamarme así! —pero Víctor acabó abandonando su tono burlón y sosegado.

—¡No tienes derecho a ordenarme nada! ¡No eres más que un asesino!

Y entonces dos ataques chocaron, una esfera blanca y otra negra, de igual tamaño, empataron a una distancia media de ambos.

—Si volviera a ponerte contra las cuerdas no creo que tu magia te vuelva a salvar. La otra vez, aunque fuera con intenciones de matarte, tenía una mínima esperanza de que resultaras ser mi hijo y que, aunque la probabilidad fuera ínfima, despertaras tu elemento luz, pero ahora créeme si te digo que no va a haber más milagros…

—¡¿Y qué ganas dándome más poder?! ¡Ahora que tengo un elemento más, no dudes que lo usaré para acabar contigo!

—Me temo que sigues siendo demasiado iluso y no entiendes el orden natural de las cosas.

—¿Tu “orden natural” es acumular poder y más poder traicionando a quien sea necesario?

—No fui yo quien mandó a Lara al hospital, ¿verdad? Espero que por lo menos se diera cuenta del amigo que tiene.

Entonces pudo darle un golpe a Yenis sin que pudiera anticiparse, mandándole contra una columna; tras lo cual sacó una lanza hecha de electricidad, pero esta vez no era azul, sino amarilla.

—Ni los rayos de antes iban tan cargados como esta lanza. ¡¿Crees que alguien te va a salvar ahora?!

La lanzó. Pero, antes de llegar a Yenis, se desvió hacia una corriente de agua que acababa de aparecer hacia un lado.

—Al menos dime que vienes a ayudar…

—¡Lo siento, ¿vale?! —Lara intentaba por todos los medios no parecer débil, incluso delante de Yenis.

Le pasó la mano por delante y pudo cerrarle algunas heridas leves.

—No hacía falta que me curases nada, no me dolían especialmente.

—Perder sangre no te iba a ayudar. Los que nos especializamos en el uso del agua sabemos muy bien eso.

—Vale, vale… Pero, dime, ¿qué te ha hecho cambiar de opinión?

—Vine para aquí en cuanto me desperté… Les dije a los médicos que no se preocuparan… Y cuando casi había llegado sentí una gran concentración de poder… ¿eras tú? —Yenis cerró sus ojos con una expresión molesta.

—Sí, era yo. —Yenis agarró a Lara por la ropa y la levantó en el aire— ¡Y ojalá no hubiera sido así! ¡¿No pudiste venir antes?! ¡¿Sabes lo que ha pasado?!

Lara apartó la mirada y vio el cuerpo inerte de Hefesto. Se imaginaba lo que había podido pasar, pero no sabía qué más decir…

—Yenis… He venido a ayudarte. Siento haber tardado tanto en darme cuenta de que estaba equivocada... ¡Al menos déjame deshacer mis errores! —Yenis la bajó al suelo y pegó un suspiro.

—Víctor maneja la luz y el rayo de forma sobresaliente. Ahora yo también manejo la luz, pero sigo estando un nivel por debajo de él. Tenemos que acorralarle y darle un golpe final lo más poderoso que podamos.

—¿Qué manejas…? —Lara intentó centrarse— Pero te olvidas de sus habilidades especiales. ¿Y qué pasa si al querer darle el golpe final resulta que tiene algún as bajo la manga que nos pueda bloquear?

—Ojalá aún lo tuviera… Pero me temo que ya lo ha usado. No creo que esconda nada más, dada la cantidad de energía que ha gastado.

—¿Y tú? ¡Si la energía de antes fue cosa tuya, debes estar agotado!

—Perdonad que interrumpa vuestro bonito reencuentro, pero no quiero que nadie más se nos una —lanzó una esfera de electricidad, pero acelerada gracias al viento.

Yenis lanzó otro ataque de viento para frenarla y se acabó deshaciendo; y ambos se elevaron en el aire con sus alas.

—Lara, él usa luz, rayo, acero y viento. Podemos usar tu agua para desviar sus ataques eléctricos, pero no hagas ninguna locura.

—Je, ¿y me lo dice el que ha decidido enfrentarse a alguien con un elemento ancestral y que está a nivel cinco? Creo que no podré superarte —dijo con una sonrisa, aunque lo que realmente le dio ganas de sonreír fue que Yenis hiciera lo mismo.

—Aunque no sea el mejor momento… me alegra tenerte de vuelta.

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