VIII - Regreso



Todo se volvió borroso y luego nítido, volviendo a la realidad. Allí seguía Lara, de pie frente a Yenis.

—¿Me recuerdas ahora?

Yenis tenía la sensación de haber estado hibernando durante años. Recordó a Ana, recordó a Sara, y se llevó la mano a la cabeza. Su expresión se tornó en una gran tristeza.

—Ana… Sara… Sara… Dios, qué he hecho… —Yenis no pudo evitar soltar algunas pequeñas lágrimas, pero, aunque en el fondo no quería, intentó controlarse en la medida de lo posible. Lara lo observaba, preguntándose de quién estaría hablando, porqué lloraría…—. Lara… Todo esto ha sido culpa mía… Nunca debí venir a este mundo… Ambos nos equivocamos…

Lara sonrió y no pudo evitar abrazar a su amigo.

—Me alegro tanto de que tú también te encuentres bien… — lo soltó y le cogió la mano— Vamos, todos están esperando; ya he pasado más tiempo aquí del que me gustaría.

Yenis se soltó.

—Regresaré, pero no voy a devolverle el anillo a Víctor —Lara perdió la sonrisa.

—Pero, Yenis… ¿a qué viene esto? Pensaba que ahora tendrías todo más claro que nunca…

—Fue culpa mía venir a este planeta, pero me iré de aquí enseguida, ya he causado bastante daño.

Dirigió su mirada a Julia, que seguía inconsciente. Estiró su mano hacia ella para hacerla desaparecer, Yenis sabía que en su piso estaría a salvo.

—¿A dónde has mandado a esa humana?

—A su casa. Lo mejor es que no volvamos a vernos.

—Bueno, al fin dejará de molestarnos —ahora el tono de Lara desprendía arrogancia—. Y por fin te das cuenta de lo inferiores que son estas criaturas.

—Nadie es superior o inferior a nosotros; somos todos iguales.

—Nosotros tenemos poderes; ellos no.

—Nosotros somos lo que ellos denominarían ángeles, nada más —Yenis no pudo evitar volver a recordar a Sara y se volvió a llevar la mano a la cabeza. Su muerte había sido la más cruel con diferencia—. Lara, no quiero pelear más contigo. Por favor, entiende que no podemos dejar que Víctor se haga con el anillo. Es demasiado poderoso, y si él lo consigue, no sé de qué sería capaz…

—Aunque tuvieras razón, ni siquiera sabemos qué tiene de especial; hay muchas teorías. ¿Por qué te preocupa tanto?

—Víctor es listo, podría llegar a desenmascarar todos sus misterios. No puedo arriesgarme a eso. Por favor, entiéndelo…

Lara cerró los ojos y dio un suspiro. En menos de dos segundos tuvo en su mano una espada de agua, pero antes de que pudiera mover el brazo, Yenis la estaba sujetando contra el tronco de un árbol, inmovilizándola y sujetándole el brazo en alto. Su espada desapareció.

—No voy a perder esta vez, Lara —la mirada de Yenis esta vez era muy decidida.

—Te recuerdo que ahora estamos al mismo nivel. Resistirte no te llevará a ningún sitio.

Le molestaba admitirlo, pero Yenis sabía que tenía razón.

Ponte el anillo.

De pronto, Yenis soltó a Lara y dio un salto hacia atrás para mantener las distancias.

—¿Qué has dicho?

—¿Qué he dicho… de qué? —Lara no entendió su reacción.

El anillo…

«Tiene que ser una broma… Pero Lara no tiene ese poder… O puede que sí… Espera, no sé si ha llegado a conseguir su habilidad especial…»

—Yenis… ¿estás bien…? —Lara empezaba a estar preocupada.

«No sé de quién era esa voz, pero si no es un truco, soy el único que la ha oído… ¿y cómo sabe que yo tengo el anillo? Esto es muy raro…». Yenis tocó su medallón. No estaba nada seguro de lo que iba a hacer…

—Yenis, venga, vámonos, seguramente te encuentres algo confuso por todo lo que ha pasado, pero en cuanto volvamos…

Yenis cogió su colgante y de un tirón firme rompió el cordel que lo sujetaba a su cuello.

—No pienso ir bajo tus normas.

Lara no vaciló y tenía claro que esta vez iría a lo rápido pero seguro: dejarle inconsciente para volver a casa de una vez por todas. Creó una masa acuática que en cierta medida recordaba al que le había dejado K.O. la última vez, pero no tenía ni por asomo tanto tamaño ni irradiaba la misma energía. La lanzó.

Fue tan rápido que ni Lara pudo distinguir lo que pasó: de un toque con su mano, Yenis partió el ataque en dos y ambas mitades de agua desaparecieron.

«¡¿Acaba de anular mi ataque?! Pero, ¡¿cómo?!»

El cuerpo de Yenis comenzó a rodearse de un aura en tonalidades negras y púrpuras. Su mirada ahora expresaba la sorpresa más absoluta, y sabía que su amiga estaría igual de estupefacta.

—Yo tampoco lo entiendo, pero… —Yenis levantó su mano derecha, en la que ahora tenía puesto el anillo, con su gema violeta brillando de forma llamativa— creo que esto es el elemento oscuridad.

—¿El… el elemento…? ¡Es imposible! ¡Ni tú ni yo ni nadie dominamos ese poder!

Pero Lara recordaba lo que les habían enseñado en la academia: «ambos elementos permiten a su usuario anular ataques de los otros seis». No era posible, así que lanzó una rápida esfera de agua a Yenis. Pero éste la detuvo sin dificultad y la sostuvo en su mano. Acto seguido cerró el puño y la esfera desapareció.

Lara creó otra y la lanzó, a lo que Yenis respondió con una bola de fuego de igual tamaño y densidad. Ambos ataques chocaron y generaron algo de vapor. Cuando se dispersó, Yenis había desaparecido. Lara dirigió su mirada hacia todas direcciones… Hasta que él salió de la única en la que no había mirado por pura lógica: su sombra. El cuerpo de Yenis se había fusionado con la sombra de su amiga. Emergió del suelo, la cogió por la ropa, desplegó sus alas y ambos se elevaron. Ya a una cierta altura, Lara sacó sus alas y Yenis la soltó.

—Yenis… ¡¿Desde cuándo tienes este poder?!

—Yo tampoco entiendo qué pasa, pero sentí como si el anillo me llamara. Me lo puse y… creo que acabo de despertar el elemento oscuridad…

—No digas tonterías; es imposible despertar el elemento oscuridad. O el de la luz. Ambos son elementos primarios en caso de poseerlos. ¡Estudiamos eso juntos!

Yenis sabía que tenía toda la razón, pero dirigió su mirada a su cuerpo, que emitía luces muy oscuras…

—¿Entonces cómo llamarías a esto?

Ella no supo qué responder.

—Lara, no podemos darle este anillo a Víctor. Mira lo que he conseguido yo. No sabemos lo que puede conseguir él.

Lara se mantuvo en silencio. Hasta que sus alas desaparecieron y comenzó a caer en picado. Yenis sabía que esa caída podía matarla, como a cualquiera, pero era imposible que se hubiera quedado sin energía tan pronto. Voló lo más rápido que pudo para alcanzarla.

Ya frente a ella, se disponía a cogerla, pero su amiga sacó rápidamente su mano impregnada con una pequeña cantidad de electricidad. En clases habían estudiado que el cerebro se guía por impulsos eléctricos, así que pensó que podría anular su consciencia y llevarlo dormido hasta casa. Pero Yenis cogió su mano sin ningún miedo, y su elemento desapareció. Lara no podía creer lo que estaba pasando. Al contrario que Yenis, que era más impulsivo, ella no quería poner los hechos por delante de las lecciones que había aprendido en clase.

—No pienso permitir que nadie más sufra por mí.

Yenis la abrazó y, aunque no lo vio, Lara llegó a soltar una lágrima. Seguían cayendo. Y lo que pareció una suave caricia en su cabeza acabó dejándola inmersa en un sopor profundo. Sin saberlo, Yenis le copió la idea a Lara, pero por suerte él conocía hechizos de sueño. Usó sus alas para frenar la caída y fue descendiendo suavemente hasta volver al suelo.

Miró sus manos, se concentró y consiguió hacer desaparecer el aura oscura que desprendía. El anillo dejó de brillar, pero la gema no perdió su color violeta.

Se dio la vuelta y miró por última vez el paisaje que podía verse desde allí… Pensó que podía entregarse a la policía confesando que había sido el autor de dos asesinatos, pero ni tenían pruebas contra él ni eso ayudaría a nadie. Decidió que lo mejor que podía hacer era irse de allí de inmediato para no volver jamás.

Pero había algo más… ¿Qué acababa de pasar? Al ponerse el anillo pareció ganar el poder del elemento oscuridad... Las cosas cada vez tenían menos sentido. Existían objetos que potenciaban los poderes, que pueden servir de ayuda para progresar con tu elemento… Incluso había algunos pocos que pueden ayudar a despertar tu siguiente elemento, pero la luz y la oscuridad eran los elementos primarios, los elementos fuente por así decirlo, y solo una persona tuvo el poder de la oscuridad hace décadas. Respecto al de la luz, solo unos pocos tuvieron la suerte de poder usarlo, y Yenis no tenía antepasados que hubieran poseído ninguno de los dos. Además, tendría que haber nacido con él; si se posee, sería el primer elemento... Levantó su mano y miró el anillo, esperando poder hablar con la voz que acababa de escuchar.

—Si estás ahí, háblame… ¿Quién eres?

Yenis no obtuvo respuesta, aunque tampoco esperaba conseguirlo. No entendía nada, pero lo que más le importaba en ese momento era arreglar cuanto antes este desaguisado.

Abrió un portal y, una vez hecha la conexión entre ambos mundos, teletransportó a Lara hasta su casa. Era cuestión de minutos que despertara. Luego lo cruzó. Se encontró de vuelta en su mundo, frente al castillo del que se había escapado. Todo estaba exactamente igual, era como si nada hubiera sucedido en este tiempo. A su espalda, unas cuantas escaleras más abajo, se distinguían las casas y negocios de la capital, pero se dirigió al interior del castillo; debía aclarar bastantes cosas.

—Ha vuelto… Hefesto, ¿te encargas tú? —los cuatro antiguos compañeros de Yenis estaban sentados sobre la gran puerta abierta de palacio, habían acudido allí en cuanto sintieron la energía del portal.

—No… id vosotros. No quiero pelear contra él.

—Siempre has sido demasiado condescendiente—Ítalo dirigió la mirada a sus otros dos compañeros— Vamos —los demás asintieron.

Yenis se detuvo. Conocía perfectamente el origen de esas tres fuentes de magia.

—Al fin has decidido volver... ¿Y Lara?

—A salvo. No debéis preocuparos por ella.

Ítalo parecía estar leyéndole la mente con la mirada.

—Supongo que dices la verdad… ¿Eh? —la mirada de Ítalo se dirigió a la mano derecha de Yenis, donde se encontraba el anillo— ¿Te has… atrevido a ponértelo…?

Yenis se mantuvo en silencio.

—Dejadme pasar, por favor.

Jacob y Démeter dieron un paso al frente.

—Sabes que no podemos hacer eso.

Lo único que podía oírse eran las hojas de los árboles arrastrándose por el suelo.

—Los tres hemos sentido lo que, por eliminación, no puede ser otra cosa que el elemento oscuridad. No sé cómo has conseguido ese poder, pero no creo que sea algo que puedas controlar. Ni tú, ni nosotros.

—¿Y pretendes dárselo a Víctor para que lo controle él?

—Somos la Guardia Real, nos debemos a su causa.

—Antes que guerreros somos ciudadanos. Créeme, no puede salir nada bueno de darle este anillo.

Jacob y Démeter no vacilaron: el primero lanzó un ataque eléctrico que tomó la forma de un dragón que se movió en dirección a Yenis a la vez que evitaba chocar con el ataque de Démeter, el cual consistía en arrancar el pavimento del suelo para lanzárselo. Se levantó una polvareda entre la que Yenis desapareció. El truco de moverse por las superficies en forma de sombra le estaba siendo realmente útil, pero Jacob, aunque sorprendido, pudo sentirlo y su dragón fue a por él con lo que se vio obligado a emerger del suelo y sacar sus alas.

—Parece que no puedes teletransportarte cuando estás en modo sombra.

Démeter aprovechó la intervención de su compañero para arrancar trozos del suelo y lanzárselos, pero Yenis los esquivó sin demasiada dificultad. A continuación, Démeter pasó a primera fila, teletransportándose junto a Yenis. Comenzó una lucha a base de golpes, patadas, agilidad, esquives… Pero Jacob no había perdido el tiempo: el cielo había comenzado a nublarse y empezó a llover. Yenis, a pesar de sus experiencias con Lara, supo que debía andarse con ojo, tratándose de Jacob. Puede que el agua no fuera su elemento principal, pero se trataba de un miembro de la Guardia Real. Más se empezó a preocupar cuando vio que Démeter se retiraba y se cubría a sí mismo con un escudo de tierra. La lluvia seguía cayendo, pero a Yenis le dio un pequeño chispazo. Y otro, algo más notorio. Cambió su posición, pero seguía notando las gotas de agua cada vez más pesadas. Entonces lo entendió: Jacob estaba cargando determinadas gotas de agua con electricidad. Entre los millones de éstas que había en el aire en ese momento, algunas que caían sobre Yenis lo hacían cargadas eléctricamente. Para eso hacía falta una gran precisión, pero no le sorprendía que pudiera hacer algo así. Pero ¿entonces qué le protegía a él mientras ejecutaba esa técnica?

Yenis intentó usar su nuevo elemento para anular la electricidad del agua que le estaba cayendo, pero no fue capaz.

«Creo que aún no puedo anular técnicas de un nivel tan alto…»

La cosa se estaba poniendo fea: ahora entendía por qué Démeter había corrido a escudarse: las nubes que le cubría empezaron a oscurecerse más y más. Era obvio lo que se avecinaba: un rayo. Yenis no podría anularlo, y entendió el plan de los tres: Démeter le distrae, Jacob carga su ataque definitivo y Ítalo…

«Espera, ¿dónde está Ítalo?»

Yenis se puso a inspeccionar visualmente el campo de batalla. Ítalo no estaba, o al menos no se le veía.

Era peligroso, pero ya se preocuparía por él después, tenía que centrarse en protegerse de lo inminente. ¿Quizá usar el Tsukuyomi e intentar engañarles con una ilusión? No, no había tiempo y además… Es posible que después de ellos tuviera que enfrentarse con Víctor, y necesitaría todo el poder posible. Es cierto que ahora tenía ese anillo, pero no sabía de qué más sería capaz, y aunque había ganado varios combates con la ayuda de la suerte, esto no era ninguna broma.

«Para frenar una gran técnica lo más rápido es atacar a su epicentro…»

Yenis lo tuvo muy claro y se lanzó en picado hacia Jacob, con su cuerpo rodeado de fuego. Las gotas de agua que llegaban sin electricidad se evaporaban antes de tocarle.

—Ya está listo.

Ítalo apareció entre bancos de niebla y tanto Jacob como Démeter abandonaron su posición y retrocedieron junto a su compañero. Y las nubes comenzaron a dispersarse.

—Kurohitsugi.

Una luz blanca envolvió a Yenis por completo. Aunque para él fue todo el espacio que le rodeaba, por fuera se trataba de un simple cubo de tamaño considerable sobre el suelo.

—Justo a tiempo, Ítalo. Por poco me mata.

—Lo cierto es que no me pareció que tuviera esa intención, pero sí que hubieras quedado mal, sí —dijo Démeter.

—Tranquilos, ahora que está ahí dentro, es cuestión de minutos que caiga dormido y la técnica se deshaga sola automáticamente… —dijo Ítalo, confiando plenamente en su habilidad.

Yenis nunca había visto la Habilidad Especial de ninguno de los tres compañeros con los que se enfrentaba, así que creó una espada de fuego y extremó las precauciones. Todo estaba blanco y no había nada.

—Aunque aquí parezca infinito, seguro que por fuera es tan solo un pequeño espacio. Lo mejor es quedarme quieto y pensar en cómo salir de aquí…

—No hace falta que lo hagas…

Yenis sintió un escalofrío al oír esa voz, ya que la conocía perfectamente. Una figura apareció a su espalda con su sonrisa habitual.

—Ehm, hola… ¿Me has echado de menos…? —dijo la chica recién aparecida mientras levantaba su pequeño brazo a modo de saludo y se recolocaba las gafas.

—Sara… —Yenis intentó mantener la cabeza fría— Venga ya… Esto es jugar demasiado sucio…

—¿De qué hablas, Yenis? Estoy aquí… —tras ponerse de puntillas, alargó el brazo para acariciarle la cara.

Ítalo, Jacob y Démeter seguían conversando frente al cubo.

—Por cierto, Ítalo, ¿en qué consiste tu técnica? ¿Qué le está pasando a Yenis ahí dentro?

Ítalo le dedicó una sonrisa y procedió a explicarlo.

—Crear esto me supone mucho tiempo y energía, pero siempre vale la pena: es una técnica infalible, nadie ha podido resistirse. En estos momentos, Yenis está viendo a la persona que más…

Pero antes de que acabara la frase, el cubo dejó de brillar en su color blanco y empezó a agrietarse, hasta romperse del todo y dejar a la vista a Yenis, para sorpresa de los tres, perfectamente despierto.

Ítalo no podía creer lo que estaba viendo.

—Pero… ¡¿Cómo…?!

—Sara murió. Lo tengo más que asumido —el cuerpo de Yenis empezó a emitir un aura oscura y empezó a caminar hacia Ítalo—. Lo que más me duele no es que me hayas querido engañar con esto, ya que tú no sabes si la persona a la que se ve está viva o muerta…

Jacob y Ítalo fueron a por Yenis con sus cuerpos rodeados por electricidad y viento mientras Démeter apareció sobre Yenis con sus alas queriendo asestarle un buen golpe.

—¡… sino que fui yo quien la mató por culpa de mi estupidez!

Entonces Yenis emitió una onda expansiva generada por el poder del anillo que alcanzó a los tres: Jacob y Ítalo perdieron sus auras, y el viento fue tan fuerte que hizo retroceder a Démeter y le mandó de vuelta al suelo.

Yenis juntó sus manos y dos copias suyas se crearon a ambos lados, ambas también con un aura oscura. Una fue a por Ítalo envolviéndole en un remolino negro y otra a por Jacob, rodeándolo de fuego. Diera la impresión de que Yenis intentaba hacer algo más, ya que esperó un par de segundos antes de lanzarse, pero su clon fue igualmente a por Jacob rodeándolo con un círculo de fuego y aumentando cada vez más la temperatura. El original se convirtió en una sombra y fue por el suelo hasta donde estaba Démeter, el cual respondió con un puñetazo, pero incluso en ese estado, Yenis seguía siendo extraordinariamente rápido. Consiguió cogerle por un brazo, elevarse en el aire con sus alas y lanzarlo de vuelta al suelo.

Habían perdido. Tres miembros de la Guardia Real contra un chiquillo que había traicionado al reino.

Ítalo era el que mejor mantenía la consciencia, así que se dirigió al chico.

—¿Acaso no tienes intención de acabar con nosotros? Parece que te conformas simplemente con inhabilitarnos, por lo que podríamos volver…

—Solo he venido a enmendar mis errores.

—De verdad, no logro entender qué te ronda por la cabeza…

Yenis se mantuvo en silencio y dirigió su mirada al castillo, pensando en la lucha que seguramente le esperaría en breve.

—Si salgo vivo de esta… Te prometo que todos saldremos ganando. La gente lo entenderá. Mucha gente ya sabe lo que está pasando —Ítalo hizo un gesto de indiferencia, sonriendo sin dar importancia a esas palabras—. Tú cuida de tus compañeros.

Yenis podía haberlos llevado al hospital, pero no se morirían por eso, ni sería bueno que se recuperasen tan rápido como para que pudieran volver para empeorar aún más las cosas. Habría tiempo para curarles cuando todo hubiera acabado. Se dirigió a las puertas del castillo, cuando un viejo amigo apareció ante él.

—¿Es que no vas a enfrentarte a mí? Sabes que la última vez que luchamos, perdí…

—Sabes que la última vez que luchamos no fuiste en serio. No me extrañaría que tuvieras alguna Habilidad más aparte de la Espada de Belenus —Hefesto sonrió.

—Espero que no te equivoques —acto seguido desapareció.

Yenis dejó de sentir su energía por completo. O se estaba ocultando de manera excelente o se acababa de marchar de verdad. Por algún motivo quería confiar plenamente en él. A continuación, pensó en Víctor, en sus poderes, en sus propias posibilidades… No tenía por qué haber lucha. Tal vez podían llegar a un acuerdo civilizado… O a lo mejor era el momento de acercarse a la puerta, intentar sentir si había alguien dentro y entrar silenciosamente, cosa que hizo.

Nada, la sala del trono se encontraba totalmente vacía. O eso parecía.

—Vaya, has vuelto.

Yenis reconoció al instante la voz de aquel que no había podido ser coronado. Pero no vio a nadie.

—Víctor…

—No te preocupes, no son necesarios el acero ni la magia.

—¿Entonces por qué te escondes? No te veo por ninguna parte…

Yenis miraba en todas direcciones, intentando localizar el origen de su voz, pero el sonido rebotaba por todas las esquinas. Hasta que ésta pasó a distinguirse sin problema alguno.

—Faltaría más. No tengo porqué esconderme.

Víctor apareció a pocos metros detrás de Yenis. El chico empezó a pensar qué clase de técnica le permitía hacerse invisible. Hay maneras de hacerse invisible, pero unas son poco efectivas, otras fáciles de sentir si se es suficientemente hábil, y Yenis se veía capacitado para ello.

—No hace falta que me analices constantemente, Yenis. No tengo intención de luchar contra ti —Víctor desprendía una sonrisa aparentemente encantadora, pero había algo en su tono que desestabilizaba al chico.

—¿Para qué quieres este anillo? —Yenis levantó su mano. Víctor no pudo evitar sentirse algo sorprendido.

—Vaya… ¿Así que te lo has puesto y de verdad has ganado el poder de la oscuridad? Esto sí que es algo nuevo y nunca visto… Realmente me gustaría estudiar tu caso a fondo.

—No has contestado a la pregunta.

—Venga, Yenis, no seas así. Sabes que me eligieron por mis habilidades; yo nunca busqué esta posición social. Ese anillo puede ayudar en las investigaciones de la magia y sus orígenes, dios sabe los secretos que el rey Azrael pudo descubrir gracias a él, o vete tú a saber si fue el propio rey quien lo creó... Gracias a sus poderes podríamos progresar enormemente, llevar a nuestro pueblo a una nueva era…

—Todo eso está muy bien, pero lo mejor sería que fueran los ciudadanos quienes eligieran esos cambios, y quién los llevará a cabo.

—¿Y el que los llevaría a cabo serías tú? ¿Por eso quieres quedarte el anillo?

—Yo no he dicho eso…

—Primero me robas el anillo, ¿y luego vienes aquí a desafiarme? ¿Qué pretendes entonces si no es arrebatarme el trono?

—Solo quiero que al rey lo elijan los ciudadanos mediante una votación, nada más. Luego le entregaré el anillo a la persona que…

—No vas a volver a escapar de aquí —la expresión de Víctor cambió y éste apareció junto a Yenis en milésimas de segundo, aunque él pudo alejarse por los pelos.

«Esto no es bueno… Me iguala en velocidad… si es que no me supera»

Yenis imbuyó su mano en oscuridad y se mantuvo a la defensiva.

—Vaya… Realmente has adquirido el elemento oscuridad… Será un placer averiguar cómo cuando hayamos zanjado este asunto.

—Y así la bestia revela su verdadera naturaleza…

Víctor sonrió a la par que todo su cuerpo se envolvía en un velo blanco y brillante. Era la primera vez que Yenis veía el poder de la luz. Entonces Víctor desapareció.

«Otra vez… Esto no es bueno.»

Yenis empezó a mirar de nuevo en todas direcciones intentando localizarlo.

—¿Sabes por qué te acepté entre mi guardia personal?

Yenis pudo vislumbrar un brillo. Disparó hacia ese punto y la luz desapareció, pero enseguida volvió a oír su voz.

—Realmente pensaba que estarías a gusto y coincidirías con mis ideales, pero ya veo que no es así.

Otro brillo apareció en otro punto. Yenis disparó, pero el resultado fue el mismo.

—¿Por qué no puedes darme un voto de confianza?

—¡Pude sentir tus ansias de poder poco antes de la coronación! ¡Quizás puedas engañar a los demás, pero yo sé cómo piensas!

Intentó averiguar su posición, pero la voz provenía de todas partes y no había rastro visual por ningún lado.

—¿Sabes? Yo debería ser padre ahora mismo, pero el destino fue cruel y mató a mi hijo al nacer, al igual que a mi esposa. Aquel fue el peor día de mi vida. Si te soy sincero, la verdadera razón de que aceptara tu entrada en mi guardia personal… —aunque su voz seguía oyéndose de lejos, Víctor apareció frente a Yenis como si tal cosa— era que algún día pudieras verme como a un padre. Aún eres joven…

Yenis rápidamente se alejó de un salto, juntó ambas manos, creó una copia suya, se convirtió en sombra y fue por el suelo hasta Víctor, emergiendo e inmovilizándolo.

—Yo ya tengo un padre y una madre. Y me han dado todo su cariño día tras día.

Entonces Víctor cerró los ojos, su cuerpo desprendió un aura blanca y la sombra de Yenis desapareció, dejándolo libre.

Entonces Víctor copió la técnica de Yenis, solo que a la inversa: de su mano salió un ataque de luz directo a él. Pudo esquivarlo, pero lo siguiente llegó demasiado rápido, ya que Víctor apareció detrás de él con una espada de luz, a lo que Yenis pudo responder con un escudo oscuro, pero que enseguida empezó a romperse. Yenis sacó sus alas y se elevó antes de que lo cortase en dos. Estiró sus manos y decenas de esferas de oscuridad cayeron sobre Víctor causando una gran humareda, pero él también se elevó, sin ningún rasguño. Fue directo hacia Yenis y empezó a atacarle utilizando la fuerza bruta, el chico solo podía intentar defenderse. En ese campo, desde luego Víctor tenía las de ganar, hasta que hubo un puñetazo que Yenis no pudo esquivar, causándole algo de sangre. Otro más se dirigía hacia él, pero pudo pararlo con su mano, que inmediatamente rodeó de fuego, con la esperanza de que hacer retroceder a Víctor, pero enseguida se apagó.

—¿Acaso olvidas que yo también puedo anular los elementos?

Yenis empezaba a preocuparse, no le gustaba el rumbo que estaba tomando ese combate. Pensó en la pelea contra Jacob y los demás. Aquello que había intentado hacer… Valía la pena intentarlo de nuevo. Lanzó a Víctor varias bolas de fuego, tan solo para crear una distracción y otra gran humareda. Embebió su cuerpo en oscuridad y su mano con fuego para proceder a concentrarse. Nunca había pensado que podría usar uno de los dos elementos primarios, pero si era capaz, tal vez…

Víctor volvió al suelo, levantó a Yenis cogiéndole por el pelo y con la otra mano lo mandó hasta la pared de un puñetazo.

—Venga, hombre… Ambos sabemos que aún no me he puesto serio ¿y ya estás así?

Yenis se incorporó y se sacudió un poco la ropa.

«Esto no va a ser fácil…»

Sin perder tiempo, Yenis apareció junto a Víctor y le lanzó un tornado lo más grande que pudo, elevándole y zarandeándole en el aire. Acto seguido lo impregnó de fuego, y el tornado se hizo aún más grande. Entonces creó un montón de canicas de metal que se movían alrededor de Víctor, y que empezaron a atacarle realizando diversos movimientos. A Víctor le costaba seguir el ritmo de los ataques de Yenis. Entonces él, de nuevo, llenó su cuerpo de oscuridad y su mano de fuego, intentando llevar a cabo una técnica de nivel avanzado que solo había visto en libros…

—Vamos… ¡Vamos!

Hasta que de pronto, el fuego de su mano se tornó de un negro tan oscuro como el resto de su cuerpo. Yenis no dudó, y disparó hacia el tornado para añadirle el ataque que acaba de crear, pero antes de que pudiera fusionarse, Víctor hizo desaparecer el tornado mientras permanecía en el aire.

—Me impresiona que hayas sido capaz de recrear una técnica tan poderosa como el Amaterasu… Pero eso ya no puedo dejar que lo uses contra mí.

Víctor conocía perfectamente esa técnica, se podía encontrar en los libros avanzados que él había tenido que leer durante su formación especial, pero le sorprendió que un chiquillo como Yenis también la conociera, aparte de haber podido usarla, aunque claro, tenía los dos elementos necesarios para hacerlo.

Quizá no sea buena idea subestimar del todo a este chico…

—Realmente me has sorprendido. Sabía que tenías talento, pero esto ya… está a otro nivel, sin duda.

—Víctor… No pienso dejar que te salgas con la tuya.

—Qué atrevido por tu parte. A los ojos de los demás no soy yo quien ha traicionado al reino.

—Y a los míos acabas de mostrarles tu verdadera cara —Yenis lanzó una esfera de Amaterasu, pero Víctor la esquivó simplemente moviendo la cabeza. Aun así, Yenis sonrió.

«Bien… Tal como pensaba, lo difícil era conseguir fusionar fuego y sombras. Una vez logrado, ya puedo hacerlo con más rapidez.»

—Ya veo que no vamos a poder entendernos… —de pronto apareció pegado frente a Yenis— Pero tranquilo, que nadie va a intervenir.

El chico retrocedió, pero a Víctor poco le preocupaba: junto ambas manos hasta que ambos quedaron encerrados dentro de un dodecaedro que iba brillando en todos los colores de forma cambiante.

—Aquí nadie nos molestará. Ahórrate el intento de romperlo, solo se deshará si su invocador cae o si lo destrozan desde fuera.

—Encerrándonos para que nadie nos escuche me dejas más claro que tus intenciones no pueden ser buenas.

—Vaya, nos ha salido agudo el chiquillo… —cogió de nuevo a Yenis por el cuello, sosteniéndolo en el aire— Pero tranquilo, que ya serás la segunda persona a la que mate—Yenis sintió como si un escalofrío le recorriera el cuerpo por un segundo.

—¡¿Quieres... decir…?! —a Yenis le costaba hablar, pero intentaba soltarse mientras empezaba a impregnar su mano en Amaterasu— Que ya has matado… a alguien… ¡¿para llegar a dónde estás?!

Quiso quemar a Víctor, pero este le soltó lanzándolo contra el suelo.

—¿Sabes cómo perdí a mi esposa y mi hijo? Fue una tragedia…

Yenis empezó a sospechar qué clase de monstruo podía tener delante.

—Quieres decir… ¡¿Qué mataste a tu esposa y a tu hijo?!

—Estás contando mal… Dije que serías el segundo en morir a mis manos…

—¡Hefesto me contó que tu esposa murió en el parto y que tu hijo nació muerto! ¡¿Cuál de las dos cosas era mentira?!

—Mi hijo… pude detectar en él un gran potencial… demasiado como para dejarme gobernar.

La mirada de Yenis decayó por completo.

—¿Mataste… a tu propio hijo…?

—Al igual que tú mataste a tu amigo… Cómo se llamaba… ¿Lander? Tú también temías que su poder creciese más que el tuyo y por eso le quitaste de en medio, ¿qué hay de malo en eso?

—¡Lander era mi amigo! ¡Nunca quise que le pasara nada! Entré a formar parte de la Guardia Real para proteger al futuro rey y no permitir que le ocurriese ninguna desgracia… No quería que nadie más sufriera por mi culpa, quise proteger al futuro monarca para que este pueblo prosperase y poder redimir mis errores… ¡No soy como tú!

Víctor no estaba prestando atención las palabras de Yenis, ya que siguió contando los hechos de su pasado:

—Debilité a mi hijo para que luego no ocurriera ningún milagro, sellando sus poderes, y acto seguido me encargué de que nadie se enterase de que había nacido sin mayores complicaciones… Para poder llevármelo al borde una cascada que hay a las afueras de la ciudad, creí que sería una forma limpia de librarme de él —Yenis no daba crédito a lo que estaba oyendo.

—No tienes corazón… ¿Y Séfenir? Es tu hombre de mayor confianza. ¿Él lo sabe?

—Nadie lo sabe. Ni siquiera la matrona que atendía conmigo el parto de mi mujer, a la que tuve que lanzar un hechizo ilusorio que sigue latente, así creyó que había visto al niño salir muerto del vientre de mi esposa. Sobre la confianza… ¿crees que la plebe depositaría su confianza en alguien sin hijos, sin familia? Es una lástima, pero la mentalidad de la gente se rige por tradiciones, y una de ellas es que un buen gobernante debe tener familia, un hábitat estable… Una gran molestia, pero me temo que necesaria si quería que la gente confiase en mí.

—¿Esto significa que ni siquiera amabas a tu esposa? ¿Todo era un fraude? ¿Ibas a tener un hijo con ella como si fuera un simple trámite? —Yenis nunca había conocido a nadie así; no sabía qué debía pensar—. Mi presentimiento era cierto después de todo… Lástima que Lara no esté aquí para oírte.

—Tuve muchísima suerte de encontrar a Selena, aquella chica desamparada y necesitada, pero no te equivoques, nunca le hice el más mínimo daño ni la obligué a nada. Puede que fingiera amarla, pero ella, fuese consciente o no de mis intenciones, accedió a formar una familia conmigo. De su muerte ya no soy culpable. Lo único que quiero es reinar para siempre. Y sin mi hijo de por medio es perfectamente posible.

—¡¿Solo por eso?! ¡¿Y qué pasará cuando mueras?! ¡Nada dura eternamente!

—Cuando tenga ese anillo mi poder aumentará, estoy seguro… Y cuando desvele sus secretos estaré un paso más cerca de entender la verdad sobre este mundo y sobre la Primogénita…

Yenis se acordó de Lander, cuyas últimas palabras y aires de grandeza también habían hablado de lo mismo… Empezaba a cansarse de la misma tontería. No dudó ni un instante: creó en su mano una espada hecha en su totalidad de fuego negro y se lanzó contra Víctor.

—Supongo que te habrás dado cuenta de que te supero en velocidad, ¿verdad…?

Yenis no vaciló y continuó su ataque.

—Pero eso no es de lo que deberías preocuparte.

Entonces se elevó unos cuantos metros sobre Yenis a velocidad vertiginosa con sus alas, creando cierta masa de viento. Yenis pensó que esto tampoco era bueno, parecía que también era rápido volando. Pero eso no le amedrentó: sacó sus alas y empezó a elevarse hacia él, pero Víctor respondió simplemente estirando su mano.

—Dime, Yenis… ¿cuál es el elemento más rápido por excelencia?

Yenis pasó a tener de pronto la mirada perdida. Se había lanzado de frente contra Víctor, que está a nivel cinco, en un espacio cerrado; ¡¿cómo había podido ocurrírsele algo así?!

Fue demasiado rápido como para verlo, pero en décimas de segundo Yenis pasó a estar chamuscado mientras gritaba de dolor. Al final cayó al suelo, con su cuerpo emitiendo una leve cantidad de humo y su ropa ennegrecida.

—Imagino que olvidaste que mi segundo elemento es el rayo.

Yenis estaba realmente asustado; no podía ni mover un músculo. ¿Este era el fin?

—No puedes pretender lanzarte de frente contra alguien de nivel superior y que además domina a la perfección el elemento más rápido de todos.

«Si dominase el fuego al nivel cinco no sería así… Ya que es una reacción química que libera energía, y al no tener masa puede llegar a moverse más rápido que la luz de tus rayos… Pero maldita sea… —intentó obligar a su cuerpo a moverse, pero no respondía—. Vamos, muévete… ¡¡muévete!!»

A Yenis no le respondía el cuerpo. Víctor se puso frente a él, mientras le miraba estando boca arriba, asustado.

—Es una pena… Si hubieras tenido algo de iniciativa podríamos haber hecho grandes cosas juntos.

«¿Para qué demonios he llegado tan lejos…? Si muero ahora… las cosas no cambiarán…»

Víctor sacó una espada de luz, brillante y afilada.

—Adiós.

«He de vencer… ¡¡¡Tengo que vencer!!!»

La espada de Víctor se rompió para sorpresa de ambos al chocar contra Yenis.

Frente a su cuerpo, protegiendo la zona que iba a ser apuñalada, había surgido una pequeña barrera que le protegió, pero lo insólito era de lo que estaba formada esa barrera de aspecto cambiante en forma de llamas… Llamas tanto blancas como negras, de luz y oscuridad. Luego de que la espada rota de Víctor desapareciese, la energía de la barrera dejó de estar concentrada y se dispersó por todo su cuerpo, dándole un aura que nadie jamás había visto, ni siquiera el mismísimo rey Azrael: elementos luz y oscuridad juntos.

—Oh… —Víctor se sorprendió gratamente y cogió a Yenis por el cuello, sosteniéndole en el aire. No se había extrañado en absoluto por lo que estaba ocurriendo— Fíjate… si resulta que tú también puedes usar el poder de la luz… —Yenis no entendía nada. Intentaba soltarse, pero no podía contra la fuerza de Víctor— Así que después de todo estabas vivo, hijo mío…

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