VII - Recuerdos: VII.IV La Guardia Real



En una nueva visión, Yenis se encontraba nada más y nada menos que en el Palacio Real, dentro de la sala principal, inmediatamente posterior a la entrada. Aunque lejos de haber ciudadanos o guardias con sus armaduras, solo estaban Víctor y cuatro hombres más junto a él.

—Adelante, muchacho, ven —le dijo a Yenis uno de los cuatro hombres. Era alto, fuerte y musculoso, de pelo rojizo y con una pequeña barba que le cubría la barbilla.

Yenis fue hasta él y levantó la cabeza para mantener contacto visual.

—Bienvenido, chico. Soy Hefesto, uno de los cuatro miembros de la Guardia Real del futuro rey, aquí presente —Víctor, desde la silla en que estaba sentado, cerró los ojos, sonrió y saludó con la mano—. Principalmente controlas el fuego, ¿verdad? —Yenis se sorprendió; no recordaba haberlo escrito en ningún formulario de los que había tenido que cubrir para presentarse a esta prueba, ni había usado aún un solo atisbo de su poder.

—Sí, así es…

—Bien —miró a Yenis de reojo—. De hecho, yo también. Puede que tengas alguna posibilidad… He leído en tus calificaciones que efectivamente cumples con los requisitos de potencial que se solicitan aquí, pero entenderás que necesitaremos una prueba práctica de tus aptitudes.

—Por supuesto. Si se trata de un combate, estoy preparado.

—Efectivamente, será un combate, ya veremos contra quién de nosotros cuatro. Espera aquí por favor.

Hefesto volvió junto a sus tres compañeros: Démeter, un hombre más bajo y algo relleno; Ítalo, alto, delgado y de cuerpo atlético; y Jacob, más delgado aún si cabe.

—Sería interesante probarlo.

—¿Estás seguro? Si es un crío… —Jacob no estaba nada convencido.

—Pero no tenemos a ningún candidato más, ¿no? —los demás mantuvieron silencio.

—Pues decidido.

—¿Y quién se enfrentará a él?

—Tú desde luego no, Démeter, que podrías provocar un terremoto —dijo Hefesto mientras se reía y le daba una palmada en el hombro.

—De acuerdo, Hefesto, pero no te contengas. Esto es una prueba para un puesto con la responsabilidad de proteger a un rey. Espero que lo entiendas.

—Perfectamente, Ítalo. Y sabes que, si ese chico domina el fuego, estoy más que cualificado para ponerle a prueba.

Los tres asintieron y Hefesto volvió con Yenis.

—Muy bien, empezaremos de inmediato. Este castillo tiene un gran patio interior más adelante. Te espero allí.

Habiendo dicho esto, Hefesto desapareció. Pero Yenis no dudó; y no pretendía ir andando o volando hasta ese sitio. Rápidamente se concentró en el leve rastro que Hefesto acababa de dejar y se teletransportó.

—No me lo puedo creer… —Ítalo, que había sido el más beligerante con el intento de escolta que acababa de llegar al castillo, fue el primero en sorprenderse.

—Vaya, parece que el chico anda bien de velocidad —Jacob también se sorprendió.

—¿Sabéis qué? Yo ese combate no me lo pierdo —tras lo cual Démeter desapareció.

Hefesto se encontraba en el patio interior, de brazos cruzados y sonriendo a Yenis, que se encontró frente a él.

—Bien hecho; has sabido seguirme el rastro para no tener que venir andando hasta aquí.

Pero Yenis no se relajó. En vez de eso puso su pie derecho por delante del izquierdo y apretó los puños, preparándose para cualquier sorpresa.

—Bueno, bueno, parece que cuando la situación lo requiere sabes tener la cabeza fría. Veamos si puedes mantenerla.

Yenis lo tenía claro: Hefesto lo atacaría, con mayor o menor rapidez, utilizando una llamarada. Se concentró. Si él formaba parte de la Guardia Real, significa que dominaba tres elementos, ya que cuatro es bastante improbable. Y si el primero es el fuego, el segundo sería el viento, pero el tercero podía ser el metal o el agua. Yenis dominaba el metal en nivel tres, pero si se enfrentaba a un oponente que controlase la otra opción lo iba a tener más complicado, ya que el agua apaga el fuego y acelera el proceso de oxidación del metal. Dominar dos elementos contrarios como el fuego y el agua era de todo menos común, así que Yenis, en estas situaciones, siempre se la jugaba a que no habría tal coincidencia, y hasta ahora siempre le había ido bien; así que seguiría con la misma estrategia. Atacar primero y esperar lo mejor sería lo más sensato, ya que desde luego un miembro de la Guardia no sería quien atacase de forma reaccionaria, sino que esperaría a ver cómo comienza el aprendiz. Se dispuso a sacar sus alas para el vuelo, pero sería una trampa; Yenis se teletransportaría junto a él para golpearle. Esta estrategia no se suele usar ya que las alas gastan bastante fuerza vital, pero en esta ocasión de todo o nada, el fin justificaba los medios. Pero a Hefesto no le importaba si Yenis pretendía atacar por cielo o por tierra.

No pudo moverse del suelo, ya que de pronto se encontró atrapado en una cúpula de viento altamente denso y cortante que hizo que Yenis recogiera sus alas. No podía ver a través de ese ataque, la cúpula era gruesa y de un color gris translúcido. Pero Yenis no había llegado al nivel cuatro por nada; había varios tipos de cúpulas, y esa era de las sencillas: dependían de la superficie exacta sobre la que se encontraban. Empezó a generar fuego con gran fuerza, el suelo bajo sus pies comenzó a romperse, por lo que al final la cúpula se desvaneció mientras el cuerpo de Yenis emanaba llamas por todas partes. Frente a él estaba Hefesto, aplaudiendo.

—Estupendo, estupendo de verdad. ¿Qué tal una carrerita?

Lo que se tarda en pestañear fue casi lo que Hefesto tardó en desplegar sus alas y ascender. Yenis le siguió y ambos se detuvieron a unas cuantas decenas de metros sobre el castillo.

—Eres sorprendentemente rápido. Diría que más que yo. —dijo Yenis, que sonreía a pesar de tener ya algún roto en su ropa por el ataque de antes.

—Gracias, muchacho. Pero no basta con que me halagues. Vas a tener que hacerlo mucho mejor.

Hefesto estiró hacia delante el brazo derecho, pero Yenis intuyó el ataque y se preparó. Cuando Hefesto lanzase sus llamas, Yenis crearía un escudo de viento, que se haría más fuerte con el fuego de su rival, se teletransportaría junto con su ataque sobre él y lo mandaría de vuelta al suelo.

Pero el resultado fue bien distinto: Yenis pudo protegerse con su viento, pero no aprovecharlo para su plan, ya que tuvo que centrarse en proteger también su espalda: lanzas de agua más que puntiagudas se lanzaban contra él por la retaguardia mientras se concentraba en frenar la enorme masa acuática que venía por la vanguardia.

—No podía tener peor suerte…

—¡Jajaja! ¿Pensabas que mi tercer elemento sería el metal? Siento decepcionarte, chico, pero espero que tengas algo más que esto, o de lo contrario tendrás que marcharte de aquí.

Las lanzas de agua atravesaron el escudo y fueron a por Yenis, pero pudo desaparecer un segundo antes. Tenía que dañar a Hefesto ya. Aún no le había alcanzado con nada, al contrario que él.

Voló hacia Yenis dispuesto a golpearle, pero entonces el cuerpo del muchacho empezó a desvanecerse como si de humo se tratase. Hefesto se detuvo y permaneció inmóvil. Yenis se alegraba de tener por fin algo con lo que sacar algo de ventaja: una ilusión, un tipo de hechizo que engaña a los sentidos del adversario. Como en este caso, donde en realidad Yenis no se había desvanecido, sino que permanecía un poco más atrás del lugar en el que había estado su ilusión, creando una vara pesada de metal. Ahora fue él quien cargó contra Hefesto, pero éste desapareció en el último instante y le golpeó desde arriba con un ataque de viento.

—¡Jajaja! Buen intento, chico, pero me temo que soy inmune a las ilusiones.

Yenis cayó unos pocos metros, pero pudo incorporarse.

—Maldita sea… ¡¿Esta es tu Habilidad Especial?! ¡¿Deshacer ilusiones?! —Yenis empezaba a preocuparse por su victoria.

—Más concretamente tengo una gran habilidad para sentirlas, habilidad que entrené durante años y ahora soy capaz incluso de verlas como te veo a ti ahora. No vas a poder engañarme con eso.

Entonces Yenis sí que empezó a sorprenderse.

«Así que este es el nivel de un miembro de la Guardia Real…»

Temía que aún no hubiese visto nada. Creó en su mano derecha una espada de fuego y en la izquierda una de acero. Se lanzó hacia Hefesto, pero justo antes de chocar se teletransportó sobre él, después a su espalda, luego por un lado, hasta terminar de nuevo delante suya, atacando con ambas espadas a la vez, pero el soldado pudo protegerse a tiempo con un escudo de viento que creó sobre su cabeza con su mano derecha.

Hefesto decidió volver al suelo, dispuesto a terminar con esto y, aunque Yenis le siguió, las heridas que le habían causado se resentían, causando que cayera en el suelo en el último momento, pero su contrincante ya no se encontraba bajo sus pies. Las alas de Yenis desaparecieron y Hefesto no se quedó quieto; fue hasta él y le cogió por la ropa. El cuerpo de Yenis empezó a desprender algunas pequeñas llamas, como queriendo, débilmente, defenderse.

—Ni lo intentes, chico, mucho me temo que has…

Entonces Hefesto se dio cuenta, pero había tardado demasiado. Esa copia de Yenis se desvaneció y el verdadero apareció para darle un puñetazo nuevamente recubierto de acero.

El muchacho fue lanzado contra una columna, pero se incorporó de inmediato.

—Muy bien, veamos quién maneja mejor las llamas.

Hefesto lanzó un poderoso ataque de fuego, al que Yenis respondió de la misma forma. Las dos ráfagas chocaron y se mantenían empatadas, pero de pronto ambas crecieron, ya que ambos usaron la misma estrategia: usar viento para aumentar su poder. Entonces Hefesto desapareció y reapareció sobre Yenis, para golpearle con una afilada espada de agua, a la que Yenis respondió con una de acero. Ambas espadas chocaron, y la de Yenis comenzó a perder dureza. Retrocedió.

«Aunque no lo haya usado demasiado… Tendré que jugármela. Puede ser mi única posibilidad de ganar este combate»

Yenis ocultó sus alas, y Hefesto hizo lo mismo, desconfiando de lo que pudiera hacer. Juntó ambas manos, el suelo empezó a temblar y se formó un círculo que los rodeó a ambos, del cual brotó una gruesa pared de fuego, encerrándolos en una columna abrasadora, de unos dos metros de altura. A continuación, le añadió viento y la columna se hizo más gruesa y alta. Démeter, Ítalo y Jacob habían quedado fuera del círculo y ya no sabían qué estaba pasando, el fuego giraba a gran velocidad y la pared era demasiado ancha. Yenis bajó sus brazos y miró a Hefesto a los ojos.

—Impresionante. Y sin tener que permanecer en tu posición para mantener toda esta magia. Pero si tu estrategia falla acabarás quedándote sin energía mucho antes de ganarme —entonces Hefesto empezó a imbuir su cuerpo de agua, pero antes de que pudiera completarlo, se evaporó por completo.

—Aquí no vas a poder usar tu agua. No con ese nivel —Yenis sonrió pensando en Lara, su mejor amiga, quien también era una usuaria de elemento agua. No por nada había entrenado con ella en múltiples ocasiones, y podía ver cuándo alguien llevaba el elemento agua en las venas y cuándo no.

—Hum… Veo que la temperatura es suficiente. Pero como ya dije, no podrás mantener esto mucho tiempo. ¿Qué tienes para mostrarme que haga que me rinda?

Yenis no dijo nada y Hefesto no dejó de mirarle, pero su excesiva atención fue su perdición: de pronto, otro Yenis apareció a su espalda. Le golpeó, Hefesto le devolvió el golpe y desapareció. Ahora el primero, armado con hojas afiladas de viento en sus manos, atacaba cuerpo a cuerpo. Hefesto se defendía bien, pero sabía que eso no sería suficiente, había llegado la hora de usar su Habilidad Especial. Con la poca energía que le quedaba a Yenis, el combate estaría acabado. O eso pensaba el chico.

Hefesto conjuró en su mano una gran espada, con una calavera en el extremo de su empuñadura y una hoja gruesa, pero afilada. Yenis tenía una corazonada, así que esperaba equivocarse.

—¿Esa es…?

—Sí, esta es. —A Hefesto no le extrañaba que la conociera, al fin y al cabo, Yenis era otro usuario de elemento fuego—. La Espada de Belenus, por supuesto irrompible. Un arma muy apropiada para mí, en mi opinión. Me siento orgulloso de poder invocarla.

—Es fantástica. Me temo que yo no puedo invocar ningún arma…

Las armas de invocación: había una infinidad y solo podían ser usadas mediante una Habilidad Especial. Por supuesto, uno no puede elegir la Habilidad que despierta, si es que llega a hacerlo.

—No te preocupes, esto no es un combate a vida o muerte, obviamente no voy a atacarte con ella.

Yenis dudó por un instante, pero enseguida entendió las intenciones de Hefesto. Iba a por lo que les mantenía encerrados.

Así que realizó un tajo horizontal, por lo que Yenis dio un salto para esquivarla. Fue sencillo, pero la columna de fuego despareció. Entonces Hefesto apareció en su vanguardia para atacarle con una pequeña esfera de fuego, comprimida, que incluso a él acabó haciéndole daño, el estrictamente necesario.

Yenis acabó de nuevo en el suelo, inmóvil, con la ropa destrozada. Hefesto fue hasta él y le puso la punta de su espada frente al cuello.

—Has luchado bien, chico, realmente me has impresionado, pero me temo que al final no estás a la altura de lo que debes ser para estar aquí.

Yenis no dijo nada; se limitó a sonreír. La mano de Hefesto titubeó, hasta que el espacio que les rodeaba empezó a agrietarse como si de un cristal se tratara, hasta que rompió por completo. Y pudo distinguirse de nuevo la columna de fuego que hacía un momento atrás Hefesto acababa de destrozar. El mismo Hefesto que de pronto estaba tumbado en el suelo, boca arriba, con Yenis delante sosteniendo su espada, apuntándole con ella al cuello.

—Me temo que al final no estás a la altura.

Sonreía. Hefesto, asombrado, no encontraba las palabras adecuadas.

—¡Pero si es imposible que me hayas engañado con una ilusión! ¡Soy inmune a ellas, siempre que…! —miró a Yenis, que seguía sonriendo, y ahora Hefesto compartía su sonrisa— Madre mía… Así que esta es tu Habilidad, eh…

—Tsukuyomi. Una Habilidad que me permite crear una ilusión a gran escala, alterando el espacio, los sentidos… pero se trataba de que fuera creíble.

Yenis seguía sonriendo, y clavó la espada de Hefesto en el suelo. La columna de fuego empezó a desaparecer hasta desvanecerse del todo. Los tres miembros del público no entendían qué hacía Hefesto en el suelo y el muchacho de pie frente a él.

—¡¿Qué ha pasado?! Hefesto, ¡¿esa no es tu espada?! —Jacob no quería creerlo, ya que la posibilidad de que Yenis hubiera sobrevivido a la Habilidad Especial de su compañero era…

—No me digas que el chico ha aguantado incluso eso… —Ítalo mantenía la compostura, pero tampoco daba crédito.

Démeter cruzó los brazos y sonrió mientras miraba a Hefesto.

—¿Al final no hubiera sido mejor que me encargase yo…?

Hefesto se rió, su espada desapareció y Yenis le tendió la mano para ayudar a levantarse.

***

Más tarde en ese mismo día todos se encontraban de vuelta en la sala del trono, pero ahora los cuatro guardianes del futuro rey sonreían. Al igual que Yenis, quien estaba frente a Víctor, doblando una rodilla.

—Yenis, eres el quinto y último miembro de mi guardia personal. De ahora en adelante, te confío mi vida —dijo, poniéndole una mano en el hombro.

De pronto, el tiempo pareció detenerse para Yenis. Aunque apenas fueron dos segundos, todo a su alrededor se volvió negro. Sintió una gran ansia de poder, aunque no proveniente de sí mismo. Perdió el equilibrio, y tuvo que apoyarse con una mano para no acabar tumbado sobre el suelo. Víctor lo ayudó a levantarse.

—Yenis, ¿te encuentras bien? —Démeter fue el primero en preguntarle.

—S… sí. Perdonadme. Debo haberme mareado…

—Será la tensión de tu nuevo cargo —Hefesto había compaginado mucho con él y no perdía su sentido del humor.

—Perdón, ya está. Ya se me ha pasado. Habrá sido un simple mareo…

—Descansa, Yenis. Quiero que estés en plena forma —su futuro rey se mostraba tan complaciente como siempre, pero algo acababa de desequilibrarlo, aunque solo fuera por un instante.

—Tranquilos, ya está, no ha pasado nada. Creo que iré a la azotea… a contemplar las vistas —tras lo cual desapareció.

Jacob y Ítalo habían perdido la sonrisa.

—Espero que esto no fuera una muestra de lo que nos espera.

—Tranquilo, Ítalo. Todos nos hemos mareado alguna vez en nuestra vida. Si te digo la verdad, yo al principio también desconfiaba bastante, pero tras ese combate… Ese chico tiene potencial, aunque le falten años.

—Espero que tengas razón.

Yenis se encontraba sentado en el borde de la azotea de una de las torres más altas del castillo. Sintió como le golpeaba una ráfaga de viento en otra dirección, sabiendo que alguien acababa de llegar, y era Hefesto.

—¿También vienes a admirar las vistas?

—Jajaja, tan agudo como siempre, chico —Hefesto se sentó junto a él.

—Estaba pensando que es toda una proeza que alguien vuelva a dominar la luz… Me pregunto de quién la habrá heredado.

—De algún pariente lejano, supongo. Ni él ni nadie lo sabe. Pero eso carece de importancia, lo trascendente es que volveremos a tener rey. Y, por cierto, Víctor domina la luz, el rayo y el metal en nivel cinco, y el viento en nivel cuatro —era la primera vez que Yenis escuchaba las palabras nivel y cinco juntas.

—No está nada mal.

—¿A que no? Ahora espera a que reciba el anillo del antiguo rey, eso sí que será impresionante.

—Algo he oído. ¿Qué tiene de especial ese anillo?

—Pues lo cierto es que no lo sé con detalle. Nadie sabe gran cosa de él, y lo han investigado, pero nada, no hubo reacción alguna. Desde que Azrael murió, se dejó guardado en una de las cámaras más profundas del castillo, no solo por respeto, sino porque se sospecha que el rey llegó a albergar ahí ciertos… poderes.

—¿Poderes?

—No estoy seguro. Es como si… como si hubiera guardado parte de su magia en ese anillo antes de morir. Hay quien dice eso, otros dicen que su alma sigue viva dentro de él… Mucha gente fue autorizada a venir aquí a investigar ese anillo, pero hasta el momento no ha habido ninguna novedad; no parece más que una vieja baratija.

—Entiendo. Gracias, Hefesto… Por cierto… ¿Hasta qué punto conoces a Víctor?

—Solo he llegado a comer con él e intercambiar algunas palabras… ¿Por qué?

—No respondas si no quieres, es mera curiosidad, pero ¿tiene hijos? Ya sabes, descendencia que pueda ocupar el trono una vez que ya no esté… —Yenis se arrepentía de no haber leído más sobre él antes de ir al castillo.

—Este es un tema que no deberías sacar jamás delante de él… Es algo delicado —Yenis se puso serio. Hizo un gesto afirmativo con su cabeza—. Víctor tenía una mujer, Selena. Era una mujer nivel cero, pero aun así él la acogió y acabaron enamorándose. Ya conoces la discriminación hacia los nivel cero por parte de alguna gente. Aproximadamente un año más tarde, Víctor y Selena iban a tener un hijo, imagínate… Pero según pude confirmar, ella murió al dar a luz, y el niño nació muerto —a Yenis se le perdió la mirada. Se agarró los brazos como si tuviera frío.

—No puedo ni imaginar el dolor que debe suponer eso…

—Ya… Verás, no digo que la monarquía sea la mejor opción, pero tampoco creo que quiera fallarle a la gente habiendo perdido tanto —Hefesto quiso dar por zanjado el tema—. Bueno… ¿ya te encuentras mejor?

—Sí.

—Pues ven conmigo —dijo, poniéndose en pie.

—¿Adónde vamos?

—Te invito a cenar. Mientras no haya rey, no tenemos la obligación de vivir en el castillo, y como la Guardia Real ya tiene sus cinco miembros, no hace falta que permanezcamos aquí, no hasta el día de la coronación.

—Entiendo.

***

Debían de haber pasado unos días, ya que Yenis llevaba otra ropa. Acababa de entrar en un restaurante.

—¡Hombre, Yenis! ¡Cuánto tiempo sin verte por aquí!

—¡Buenas, Hermes! —Yenis le hablaba con total confianza; ya que se conocían desde hacía tiempo.

—¿Qué se te ofrece?

—Pues algo de beber para celebrar mi nuevo cargo: ya soy miembro de la Guardia Real —estas palabras hicieron que el camarero perdiera su sonrisa, pero continuó su tarea y le sirvió el refresco que siempre tomaba.

—¿Lo saben tus padres?

—Pues claro, se lo dije mientras cursaba el cuarto año. Me gradué y les dije que iría al castillo a intentar pasar la prueba y… bueno, ayer volví a casa con la noticia. Pero ¿pasa algo…? —Hermes se mantuvo en silencio unos segundos. No estaba contento para nada.

—Yenis, ¿quién ha elegido a ese rey? —Yenis no sabía que responder. No porque no conociera la respuesta, sino porque no entendía a dónde quería llegar—. El mismo grupo de personas que se llevan encargando de la economía y los asuntos del estado todos estos años. O sus hijos concretamente, pero viene siendo la misma historia. Que no digo que no hicieran nada bien, pero en todo este tiempo la ciudad ha funcionado muy bien sin un rey. No elegimos a esas personas, pero al menos eran varias; el poder estaba repartido. Entre los empresarios que con el tiempo tomaron el poder décadas después de que Azrael nos dejase, pero repartido. ¿Ahora de pronto cambian de idea y deciden colocar a alguien en un trono solo porque maneja el elemento de la luz? No digo que el rey Azrael me valiese y ahora este no, pero por aquel entonces era otra época, y he de reconocer que para la que le tocó, ese hombre estaba muy adelantado a su tiempo.

—Pero… Imagino que tendrá los conocimientos necesarios para el cargo… Yo le he visto, he estado ante él, y te aseguro que no parecía para nada una mala persona —Yenis no le daba importancia al mareo que había tenido y decidió obviar ese detalle—. Él nos gobernará, y…

—Exacto, nos gobernará. A nosotros, los ciudadanos. Ya que nos gobernará, ¿no es algo que deberíamos haber elegido entre todos? —Yenis finalmente empezaba a entender su frustración.

—Como sabes, perdí a un amigo hace un año. No pienso perder a nadie más.

—Entiendo que eches de menos a Lander, pero apoyar y proteger a un rey no es lo más inteligente que podrías hacer —Yenis no quería pelearse con un viejo amigo como Hermes, no sabía qué decir. El barman quería hacer memoria sobre algo—. ¿Sabes lo que pasó en Nashira, la ciudad de los neshiram, hace diecisiete años?

—Me temo que no… —respondió dubitativo.

—Bueno, supongo que es lógico; no naciste hasta el año siguiente… Hubo una revolución, allí también había un rey, una familia real entera de hecho. Te resumo la situación política por aquel entonces: monarquía absoluta. Hubo muchas bajas en ambos bandos, pero el pueblo consiguió entrar en el castillo y persiguieron a toda la familia real hasta acabar con ellos —Yenis no daba crédito; no conocía esos hechos.

—No sabía que algo así hubiera pasado hace relativamente poco en un país vecino…

—Pues ahora ya lo sabes. Todos los miembros de la realeza que vivían en ese palacio fueron masacrados, pero después de eso acabó por conseguirse la paz entre toda la población. Hicieron nuevas leyes, se permitió el sufragio universal y se realizaron elecciones. Actualmente hay una mujer al mando, asesorada, y las noticias que llegan no son malas desde luego. Por cierto, dicen que una muchacha de palacio consiguió escapar, una de las hijas del rey, Midala, pero nunca más fue vista, así que muchos creen que habrá muerto de todas maneras —Hermes hizo una breve pausa para coger aire—. Ya conoces la reciente historia de los neshiram, ¿y ahora nos dicen que tener un rey supondrá un avance? Esto no es progreso, sino regreso. En vez de coger ideas de Nashira como la de elegir a nuestros representantes, nos colocan a un rey las personas encargadas actualmente del gobierno, vete tú a saber a cambio de qué. E imagino que Víctor hará una ley para que este cargo vaya pasando por derecho de nacimiento.

Yenis terminó de beberse su refresco y pagó.

—Gracias por todo, Hermes.

El camarero vio cómo su antiguo amigo se marchaba del local. No podía tenerle rencor, aunque hiciera algo que para él era incorrecto.

—Cuídate mucho.

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